Candidaturas cruzadas buscan aplicar ley de lemas de facto
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Imposible que Kirchner, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá unieran sus fuerzas, pero al no solucionar el peronismo sus problemas internosobligó a que cualquier argentino tuviera que votar un peronista en la eventualidad, que no hubo por renuncia de Menem, de una segunda vuelta.
Es el caso más claro de cómo tanto el sistema de ley de lemas como las ya famosas actuales colectoras terminan violando la voluntad de las primeras minorías -que en una democracia son las llamadas a gobernar-, ahora por la tracción que ejerce en el voto el candidato a presidente sobre la infinidad de listas que se cuelgan de él.
El reinado actual de las listas colectoras tiene precisamente ese antecedente, que sirvió ahora de escuela. Eduardo Duhalde armó la trilogía peronista para las presidenciales de 2003 sobre una idea de Juan Carlos Romero para resolver la crisis electoral del PJ, que soluciona siempre sus internas en elecciones nacionales en lugar de primarias civilizadas. Cuando en 2002 le explicaron el sistema, el propio Duhalde los llamó neolemas. De hecho, la Cámara Electoral terminó rechazando su aplicación, pero, como era obvio, lo hizo después de las elecciones, lo que tornó abstracto ese fallo, aunque quedó sentado el precedente.
Poco antes hubo un intento más peligroso. En la semana que ocupó la Presidencia, Adolfo Rodríguez Saá convocó a elecciones en 60 días, unos comicios que debieron realizarse el 3 de marzo de 2002 y que terminaron sepultados bajo la presidencia Duhalde. Para esa elección se estableció aplicar la ley de lemas -hubiera sido la primera vez en la historia a nivel presidencial- y curiosamente fue apoyada por peronistas, radicales y constitucionalistas de todos los colores como única solución posible a la crisis.
En 1973, Jorge Abelardo Ramos colgó su boleta de la del Frejuli, que apoyaba la fórmula Juan Perón-María Estela Martínez de Perón, y se llevó 900.000 votos. El beneficio no fue únicamente político: sólo los fondos que luego se le asignaron por los votos obtenidos alcanzaron para múltiples operaciones inmobiliarias. Claro que para concretar semejante movida necesitó de la autorización que le dio Perón, exactamente igual que ahora, cuando los candidatos a presidente permiten que se cuelguen de la principal decenas de listas en cada distrito.
Otro caso curioso es el de Santa Fe. Allí, Jorge Obeid derogó la ley de lemas. Fue una promesa electoral que hizo cuando peleó su gobernación, frente a la presión popular pidiendo derogarla, la misma que hoy existe en Misiones, donde el obispo Piña reclamó ayer nuevamente una medida similar frente al caos electoral.
Pero en la práctica, aunque los santafesinos no tengan ya lemas, llegaron a esta elección presidencial con una lista para el kirchnerismo y una para Elisa Carrió, pero dos para Rodríguez Saá y otras dos para Roberto Lavagna.



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