Caso valijero: habló el fiscal
Confirmó ayer el fiscal norteamericano Thomas Mulvihill que los 800 mil dólares capturados al valijero Antonini Wilson eran para la campaña presidencial de Cristina de Kirchner. Y, ayer, en audiencia pública, agregó que el imputado recibió amenazas y una tentación pecuniaria (dos millones de dólares) para que no revelara el destino político de esos fondos. Señaló, para mayor escándalo, que el gobierno argentino había participado de esa conjura de ocultamiento. Como se esperaba, esa declaración complica más a la administración Kirchner en su relación con los Estados Unidos, aunque hoy el canciller Jorge Taiana evitará una protesta formal contra el embajador norteamericano Earl Wayne. Ya saben la respuesta: EE.UU. no controla a su Justicia (al revés, claro, de lo que ayer afirmó el jefe de Gabinete, Alberto Fernández). El caso avanza para convertirse en el mayor novelón del kirchnerismo, de incierto desenlace y penosos contrapuntos.
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Cristina de Kirchner anoche en Montevideo, junto al canciller
Jorge Taiana, a quien instruyó que hoy haga en Buenos
Aires una queja oral pero no formal ante el embajador de
Estados Unidos. No quiere que le respondan otra vez que
lo del valijero es una cuestión policial.
Mulvihill confirmó ayer que el destino de los fondos del valijero Antonini era la campaña presidencial en la Argentina, como supuestamente figura en las grabaciones que el FBI -con ayuda de Antonini-tomó de Franklin Durán, uno de los tres venezolanos detenidos acusados de ser agentes de Hugo Chávez en ese país, se dedicó a intentar probar ante el juez las «operaciones» en el área de Miami de los cuatro involucrados.
Ese es el centro de la acusación del FBI y no el destino de los fondos que llegaron en la valija a Buenos Aires, que en esta causa operan sólo como una prueba.
Por eso la insistencia de Mulvihill ayer en explicar el móvil del delito: «El problema que causó es que se convirtió en un desastre de relaciones públicas -dijo-, para contener ese desastre de relaciones públicas, los agentes venezolanos se reunieron con el señor Antonini». En ese accionar es donde queda entrampada la campaña de Cristina de Kirchner: cuando Mulvihill habla de «desastre» se refiere a que se haya hecho público el ingreso de dinero en negro de Venezuela a la Argentina.
En la audiencia de ayer, el fiscal federal esquivó revelar los nombres de los dos venezolanos que le ofrecieron el soborno a Antonini Wilson para intentar silenciarlo.
En la audiencia, tanto el fiscal como el FBI, que llevan adelante la acusación contra los supuestos agentes extranjeros que operan en el área de Miami, debían comenzar a fundar con pruebas esas acusaciones, especialmente porque se trataba de una sesión donde el juez debía decidir otorgar o no la libertad condicionaldel uruguayo Wanseele Paciello, sobre cuya participación en los hechos recién ayer se conoció con más detalle. Para eso el FBI puso a declarar ante el juez a un agente que había hecho el seguimiento de la operación. Ryan Young explicó en el estrado que Wanseele estuvo encargado de llevar al hombre que le ofreció los u$s 2 millones a Antonini al local de Starbucks en Miami, que se mantuvo como «campana» mientras el supuesto agente venezolano negociaba con Antonini y luego lo llevó de vuelta hasta su hotel. De acuerdo con el seguimiento que hizo el FBI, se relató que en el regreso Wanseele -que hasta ese momento pareció actuar casi como un mero chofer-tomó un camino alternativo de 64 kilómetros cuando la distancia era de sólo 11 kilómetros, para intentar eludir el rastro.
Wanseele hace ocho años que trabaja en EE.UU. en una empresa de exportación e importación. Ayer, la abogada que le designó el estado de Florida pidió su libertad alegando que nunca había tenido antecedentes penales en los EE.UU. y que la participación en los hechos de los que se lo acusaba era mínima. La fiscalía, mientras tanto, intentó hacerlo aparecer como un aliado indispensable de los «agentes» venezolanos.
El saldo de la audiencia de ayer no fue un éxito rotundo para el FBI, más bien un empate. El juez le concedió a Wanseele el beneficio de la libertad pagando una fianza de u$s 150.000, aunque luego suspendió esa orden y le otorgó a Mulvihill la posibilidad de apelarla pero con un plazo de 48 horas para ampliar la prueba.



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