Catamarca - El día después del debut del pacto entre radicales K y kirchneristas, que clausuró -es probable que para siempre-la fantasía de Luis Barrionuevo de ser gobernador, devolvió ayer a la provincia a la calma apática, casi opresiva, que reinó durante la campaña.
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Luego de la moderada celebración oficial, en el palco de la Casa de Gobierno con peronistas y radicales juntos, ayer el PJ derrotado -a pesar de que logró algunos resultados buenos en los distritos- al igual que el peronismo K se lanzaron, arrebatados, a proyectar sus próximos pasos.
Desde el espacio que postuló al gastronómico como gobernador se abrió, de manera inevitable, una operación de desplazamiento del diputado de la jefatura. Uno de los ganadores de la jornada, el senador Melchor Morra, pidió que haya una renovación de dirigentes en el partido.
A su vez, Armando «Bombón» Mercado -gestor de la alianza con Brizuela- también planea iniciar una embestida para controlar el partido.
Pero tiene otro plan: en su rol de socio del radical, alianza que derivó en la nominación de Lucía Corpacci de Saadi como vice, el jefe del kirchnerismo local empezó sigilosamente una maniobra para compartir el gobierno con el radicalismo. Al lado del cuñado de Kirchner lo niegan, pero cerca de Brizuela dicen que Mercado pidió dos ministerios -Obras Públicas y Producción- y la estratégica empresa estatal, Yacimientos Mineros Aguas de Dionisio (YMAD). Esa firma fue la que concesionó Bajo La Alumbrera.
Pero el escenario muestra una alternativa probablemente peligrosa para Brizuela: si, en el futuro, el PJ y el FpV se fusionaran podrían tomar el control de la Cámara de Diputados. En diciembre, cuando asuman las nuevas autoridades, el oficialismo se quedará con 22 diputados, el PJ con 18 y el NEC con 1.
Hay que ser más específico: de los 22 del oficialismo, 4 son del llamado bombonismo. Si esos kirchneristas se aliaran con los peronistas, revertirían la relación de fuerza. «Es una situación delicada, pero confiamos en que el acuerdo perdurará», admitió, ayer, un vocero del gobernador.
Asoma allí el fantasma riojano donde la «diputadora» que conduce Luis Beder Herrera jaquea al gobernador Angel Maza. Brizuela tiene, sin embargo, un reaseguro: en Catamarca hay dos cámaras, y en el Senado, el oficialismo tiene un amplio control, con 11 de las 16 bancas.
Anomia
El resultado último fue algo menos contundente que lo que esperaba la alianza entre el Frente Cívico (FC) y el Frente para la Victoria (FpV). El oficialismo -lo confesó el propio Brizuela- estimaba una diferencia de 30 puntos. La distancia final fue, en cambio, 21 puntos.
Con horas de retraso, ayer la Justicia electoral provincial difundió en su site oficial los resultados. Brizuela-Corpacci se quedaron con 56,75, mientras que Barrionuevo, con Francisco «Pilo» Sotomayor, logró 35,91%, dos puntos menos que Ramón Saadi en 1991, posintervención.
Otro dato refleja la anomia de los días previos y el sopor que se adueñó ayer de Catamarca.
Sobre 233 mil electores habilitados, concurrió 66,65%. Con eso, el promedio baja respecto de turnos anteriores y revela que ni Brizuela ni Barrionuevo apasionaron a los votantes.
La elección dejó un puñado de apuntes sobre la política catamarqueña:
No hay dudas de que es un golpe, quizá irremontable, para Barrionuevo. Que no sólo trunca sus chances de competir en otro turno sino que pone en riesgo su dominio sobre el PJ local. Ayer, de hecho, un senador del peronismopidió una renovación partidaria. Fue, claro está, un sablazo contra Barrionuevo. No es el primer indicio de que su buena estrella se apagó: varios candidatos del PJ lo excluyeron de sus afiches de campaña, le pidieron que no concurra a sus actos de cierre y, peor aún, el domingo le «cortaron» la boleta.
Esa distancia entre Barrionuevo y los dirigentes territoriales del PJ permitió, por caso, que el peronismo le arrebate tres intendencias al Frente Cívico. En esos casos, la división del radicalismo fue clave: como se sabe, no toda la UCR ve con buenos ojos el acuerdo que Brizuela selló, a la distancia, con Néstor Kirchner. Las diferencias en algunas zonas sembraron la derrota del FC.
También en materia legislativa el FC-FpV tuvo un resultado no del todo deseado: ganó, por estruendo, para senadores -7 de ocho-, pero retrocedió en cuanto a diputados provinciales: no llegó a renovar los 13 que puso en juego. A su vez, el radicalismo bis apareció en escena y a través de Renato Gigantino consiguió también representación parlamentaria. No está claro, sin embargo, cómo se moverá Gigantino, a pesar de que estuvo referenciado con los « renovadores» de la UCR, que tienen como jefe a Brizuela.
Sobre el resultado queda un elemento para anotar: el PJ ganó 8 puntos respecto a octubre de 2005, pero perdió 4 sobre la anterior elección de gobernador. No se aleja demasiado, sin embargo, en la banda de los 40 puntos que históricamente obtuvo el PJ en la provincia. A su vez, el radicalismo -aliado a un sector del peronismo-creció algo más de 6 puntos respecto de su promedio histórico. Es decir: ni el ensamble con los K ni la invocación de la marca Kirchner impusieron una diferencia notable.
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