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Hugo Moyano
La concurrencia y, sobre todo, las inasistencias, tuvieron también su significado: estuvo Moyano con lo más duro de su viejo MTA (Juan Palacios, Omar Viviani, Julio Piumatto, etc.). También el duhaldista Gerónimo Benegas, es decir, el hombre que prestó su sindicato para que se pactaran todas las regulaciones que después, bendecidas en congresos del PJ, le permitieron a Eduardo Duhalde llevar al actual Presidente a la cumbre sin internas partidarias. En cambio no estuvo el trío de ex «jóvenes brillantes» que integran Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez y José Luis Lingieri. El dirigente de Obras Sanitarias tuvo una excusa impecable: en estos días se decide la suerte de la empresa en que trabajan sus representados, Aguas Argentinas. Rodríguez y Martínez están bien con Barrionuevo pero prefieren no sentarse a comer con Moyano.
Lo más importante es que los «gordos», es decir, Oscar Lescano, Carlos West Ocampo y Armando Cavalieri, decidieron no abrir negociación alguna, siquiera desde el punto de vista simbólico, para negociar con Moyano su reingreso al consejo directivo de la central obrera. Las explicaciones son varias. Están los que dicen que los «gordos», sobre todo los refinados Cavalieri y West, huyen de Mar del Plata y su «turismo social». Deben ser bromas (aunquela última vez que Cavalieri concurrió a la playa en esa ciudad se engripó porque, según comentó en aquel momento un colega suyo, «se había olvidado de que en la Argentina el mar es frío»). Más allá de bromas y sarcasmos, los « gordos» no quieren reunirse con Moyano porque confían en que, una vez que el sindicalista se enfrente al gobierno de manera inevitable, ellos serán el nuevo oficialismo acuerdista. El jefe de los empleados de Comercio abrió una vía de comunicación a través de Carlos Zannini y está cada vez más cerca del picaporte presidencial, que dominó por décadas.
Si la expectativa de los gremialistas más tradicionales es que Moyano politice su agresividad y no la destine únicamente a las empresas de cargas o supermercados, tal vez estén aproximándose a la verdad. En el asado que se sirvió en lo de Barrionuevo los comensales le dijeron al secretario de la CGT, en distinto tono y con argumentos diversos, que «lo que hacés con tu gremio lo tenés que hacer con todo el movimiento obrero porque hay muchos sindicatos sin posibilidad de movilizar y reclamar». En febrero Moyano piensa lanzar una embestida fuerte en favor del aumento de salarios de los camioneros, en Rosario. El sábado, en Mar del Plata, se soñaba que fuera una convocatoria más amplia para poner la CGT enfrente de Kirchner.
¿Cuánto durará la agresividad del camionero? Prometió una reunión de consejo directivo para la primera quincena de febrero, en la que se resolvería si el activismo sindical continuaría con la misma dinámica que hasta ahora, es decir, con reclamos sectoriales que no involucran al gobierno o si se desatará una agenda más agresiva contra la Casa Rosada, con demandas universales que, tarde o temprano, terminarían en una huelga general. Moyano mantuvo la incógnita cuando habló ante los demás sindicalistas, entusiasmado con estar en su ciudad de origen: «Me salgo de la vaina por hacer un gran reclamo. Pero ustedes tienen que entender que Kirchner viene de ganar las elecciones. Hay que esperarlo».




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