13 de diciembre 2005 - 00:00

Chacho, el de siempre

Néstor Kirchner es, verdaderamente, imprevisible. Antes de viajar a Montevideo, a la reunión de presidentes del Mercosur, le envió un mensaje a Eduardo Duhalde a través de un amigo común: «Decile que no se vaya, que voy a agradecerle lo que hizo allí y voy a hablar bien de él». Duhalde, quien cree que con Kirchner no hay sorpresas, contestó, lacónico: «No le creo, cuando él llegue yo me voy». Sin embargo, Kirchner tuvo palabras de elogio y gratitud para quien representó al país durante dos años en la región. Debía quedar bien con Lula, el amigo de «Dualdo».

Carlos Chacho Alvarez, en cambio, sí es previsible. A diferencia del Presidente, cuando debió asumir el cargo que dejó vacante Duhalde envió también un mensaje a su antecesor: «No quiero a ningún duhaldista en mi asunción». Discriminador como siempre, Chacho parece haber olvidado otros tiempos. Apenas hace poco más de dos años hacía la amansadora en el San Juan Tennis Club para reunirse con el caudillo de Lomas llevado por Juan Pablo Cafiero -este diario lo informó puntualmente-, y estaba escrito que a esta altura repudiaría a quien en aquellos mediodías le daba de comer. Una lección que, hoy por hoy, tiene casi un solo destinatario: Kirchner. Habrá que esperar dos años.

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