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21 de octubre 2005 - 00:00

Chacho sigue in péctore para un cargo diplomático

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Carlos Chacho Alvarez

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Quienes conjeturan la incorporación al gobierno del ex vicepresidente de Fernando de la Rúa lo ubican, provisoriamente, en el campo de la política exterior. El colabora para que la tarea de sus mentores enfrente menos dificultades. Porque no sólo Chacho expone sus meditaciones internacionales en la columna que publica habitualmente en el monopolio «Clarín». También se ha convertido en un operador de la Casa Rosada en algunos tejidos regionales.



Alvarez se propone rescatar de ese fracaso la experiencia, que para él debería ser una alternativa entre el World Economic-Forum que sesiona anualmente en Davos y la cumbre antiglobalización de Porto Alegre. Como es sabido, Néstor Kirchner no concurre a ninguna de esas citas.

Chacho imagina una especie de «Foro Progresista» -¿cómo llamarlo si no de esa manera?- que tendría su primera sesión en México, como una especie de apoyo a la candidatura presidencial del neopopulista Andrés Manuel López Obrador, el alcalde del DF. Al parecer, quien impuso esa sede fue el «canciller» de López Obrador, Manuel Camacho Solís. Chacho convenció a Camacho y a los chilenos Carlos Ominami (senador socialista) y Clarisa Hardy (titular de la fundación Chile 21), en una reunión que se realizó la semana pasada en Santiago. La idea del líder del Frepaso es reunir en México a empresarios, políticos, titulares de fundaciones y economistas de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica para frotar la lámpara del izquierdismo regional. Entre los coaligados que imagina Chacho se encuentra Marco Aurelio García, otro charlista como él, un intelectual del PT frustrado por la crisis de sobornos del Congreso brasileño. Casi vidas paralelas con Chacho.

La selección de la sede para esta primera experiencia externa de Alvarez no es indiferente.México es un lugar adecuado por tratarse de un país hispanohablante, algo indispensable para un internacionalista monoglota como el ex vicepresidente. Además, la alianza con López Obrador representa una ventaja para Kirchner, quien está buscando desde hace tiempo la excusa para afianzar sus lazos con la dirigencia mexicana. O, dicho de otro modo, zafar del abrazo brasileño, que viene con la pretensión de Lula da Silva de ocupar una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Este matiz azteca de la política exterior que imagina Chacho tal vez sea un inconveniente para uno de los destinos posibles dentro del gabinete: suceder a Eduardo Duhalde en la Secretaría General del Mercosur. Aunque, a decir verdad, esa secretaría bien podría disolverse ya que no figura en estatuto alguno y fue creada exclusivamente para que Kirchner pudiera liberarse de su «Chassman» (se inventó en tiempos en que el Presidente afirmaba «no ser ningún Chirolita» de quien lo había llevado al cargo).



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