El duelo por el resultado de la elección a gobernador en el Chaco obligó ayer al radicalismo a reunirse para replantear algunos de los tramos finales de la campaña. Mientras el alfonsinismo intenta reorganizar la devastada campaña en la Capital Federal y analizar el futuro partidario, siempre bajo la mirada del propio Raúl Alfonsín, Gerardo Morales y Roberto Lavagna, ajenos a esos conciliábulos, pulieron la estrategia que llevarán de ahora en más.
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El ex presidente no reunió aún a su tribu de fieles, como se anunció, para analizar la preocupante situación que les generó Chaco. Pero hubo confesionarios regados por toda la capital con ese fin. En un distrito donde la UCR está desaparecida, al punto que no sólo no tiene legisladores locales o nacionales, sino que ni siquiera pudo cerrar la exclusividad en la lista de senadores y diputados que apoya a Lavagna, el alfonsinismo porteño podría contentarse ahora con que el ex ministro saque a pasear, al menos, a Ricardo Gil Lavedra, uno de los tres candidatos a senador que apoyan su lista, y no se muestre sólo con Abel Posse, que encabeza otra.
Lejos de ellos, no física sino espiritualmente, Morales decidió armar una nueva agenda de campaña. El presidente de la UCR no se recupera aún del resultado chaqueño. Atribuye el resultado a la inacción del gobernador Roy Nikisch y no al candidato Angel Rozas en su provincia, al tiempo que reconoce un hecho más grave aún en esa derrota: Jorge Capitanich llenó las urnas sin contar con fondos de la Casa Rosada, ni visitas presidenciales en la campaña o aunque fuera un aliento de Cristina de Kirchner. «Lo hizo sólo y cuando todas las encuestas lo daban perdedor», se lamentaban ayer en el Comité Nacional.
Desde ahora, Lavagna se dedicará a reforzar la provincia de Buenos Aires, mientras que Morales acelerará sus viajes por el interior. Neuquén y Avellaneda serán los primeros destinos de esas giras y sólo en algunas ocasiones los dos candidatos se encontrarán juntos en un acto.
En medio de esos cabildeos, los radicales tuvieron reacciones inéditas frente a la crisis que les provocó perder en las urnas la gobernación de la única provincia que aún comandaban. Morales dejó el silencioso estilo radical y atacó directamente a Nikisch: puso hoy en tela de juicio el desempeño del gobernador durante la campaña para las elecciones en esa provincia.
«Me sorprendió que no pudimos hacer contacto con él y que el gobernador, en los últimos tiempos, inauguró más obras con intendentes peronistas», criticó Morales.
El mensaje al chaqueño se conoció luego de que trascendiera que Nikisch reconoció el triunfo de Capitanich a pesar de que la UCR se declaró vencedora.
Sin embargo, el gobernador chaqueño admitió ayer haberse comunicado telefónicamente con Capitanich, pero rechazó que haya sido para felicitarlo por su victoria y, haciendo equilibrio, explicó que lo llamó para saludarlo «por su buena elección».
La división, de todas formas, parecía total. Mientras la UCR provincial expresó cuestionamientos y anunció que denunciará irregularidades en los comicios, Nikisch se despegó de la Justicia Electoral, a cargo del escrutinio.
En ese marco, Morales admitió que durante el conteo de votos nmucho control entre las dos listas», por lo que descartó similitudes entre las elecciones de Chaco y Córdoba, donde Luis Juez denunció fraude y el escrutinio fue muy cuestionado.
Mientras tanto, en la Capital Federal, Gil Lavedra, se sumó a las protestas al gobierno en el día en que se cumplió un año de la desaparición de Julio López.
Gil Lavedra emplazó ayer a Alberto Fernández para que brinde información sobre lo actuado por el gobierno en materia de protección de testigos en las causas por violaciones de los derechos humanos.
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