Esta semana uno de los temas más comentados no fue el vitel toné sino el avión presidencial rumbo a Brasil. Javier Milei emprendió el viaje con la promesa de reactivar el romance con el vecino y cosechar algún gesto en la cumbre del Mercosur. La negociación por el acuerdo Mercosur-Unión Europea volvió a naufragar. Otra vez. Los funcionarios se miraban como quien espera al mozo que nunca llega con la cuenta. Brasil marcó distancia, Francia torció el gesto, Uruguay agitó la bandera de “libertad comercial” y la postal final fue una declaración amable, insípida y sin compromisos.
Charlas de Quincho: chori con inflación, clima espeso en el Congreso y una Villarruel medieval
El viaje presidencial a Brasil, el nuevo naufragio del acuerdo con la Unión Europea, la media sanción del Presupuesto sin el capítulo 11 y la postergación de la reforma laboral para febrero marcaron una semana intensa en la que el Gobierno alternó gestos de poder con límites evidentes dentro y fuera del país.
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Jesús se adelantó, Papá Noel ya tiene pedidos y la política hace temporada en calle Corrientes
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Milei: "No lo voy a vetar, tenemos Presupuesto"
Una semana agitada en el Congreso y en las calles para el Gobierno, que tiene resuelto avanzar con el Presupuesto 2026.
En tanto, el oficialismo festejó a medias la media sanción del Presupuesto 2026. Se aprobó sin el famoso capítulo 11, ese que habilitaba al Ejecutivo a manejar transferencias y gastos con más holgura. El poroteo en el recinto dejó en claro que el Gobierno tiene margen, pero no carta blanca. El Senado será cancha más áspera, donde algunos aliados pasan de “dialoguistas” a “indecisos” según la hora del día.
El plato fuerte que se bajó de la mesa fue la reforma laboral. El Gobierno intentó empujarla como bonus track de fin de año, pero la CGT metió presión y la política eligió respirar. Se trasladó el debate para febrero, a la espera de un clima menos inflamable. Los dirigentes sindicales marcharon y advirtieron que no se quedarán de brazos cruzados mientras el Ejecutivo busca reescribir las reglas del trabajo.
En Balcarce 50 insisten en que el verano traerá viento a favor. Quienes frecuentan los quinchos del poder saben que entre mates, humo y promesas, los acuerdos cuestan, las mayorías son frágiles y el calendario no perdona. Milei volvió de Brasil sin novedades europeas, el presupuesto quedó rengo y la reforma laboral duerme siesta extendida. Los que miran la escena guardan una certeza incómoda: el año político no terminó, solo cambió de escenografía.
En las sobremesas políticas comenzó a discutirse el reciente ajuste en la banda cambiaria. El Gobierno presentó la medida como una señal de mayor flexibilidad para administrar el tipo de cambio y contener expectativas en el corto plazo. En el análisis más reservado, algunos economistas advierten que la ampliación busca ganar aire en un contexto financiero tenso, mientras que legisladores atentos miran cómo impactará en precios y en la negociación con contactos externos. El movimiento, aunque técnico, reacomoda la conversación sobre dólar y pone una nota de cautela en un fin de año ya cargado.
Victoria Villarruel tomó las armas en una semana clave del Senado
En los pasillos del Congreso se comentó que la vicepresidenta, Victoria Villarruel, quiso enviar un mensaje más allá del protocolo parlamentario. En plena semana en la que el Gobierno buscaba ordenar el puente hacia el tratamiento del Presupuesto 2026, se mostró empuñando una espada medieval en su despacho. La postal circuló en celulares de legisladores mientras el oficialismo tomaba nota de los reveses sufridos en comisiones y negociaciones.
La reacción fue inmediata. Bromas sobre “batallas campales” y chistes acerca de que la verdadera guerra se libraría a puertas cerradas para conseguir los votos. Pero detrás de esa escenografía hay tensiones más serias. Senadores aliados comenzaron a mostrar fastidio por el manejo del Ejecutivo y por la comunicación errática sobre proyectos sensibles como discapacidad y financiamiento universitario. El clima navideño no alcanza para calmar los ánimos.
En paralelo, en la Casa Rosada ya no tratan de disimular las diferencias entre Villarruel y Javier Milei. Puertas adentro se admite que la relación se enfría cada vez que aparecen señales de autonomía desde el Senado. Algunos funcionarios interpretaron la espada como un gesto calculado para marcar territorio justo antes de que desembarquen en la Cámara alta los proyectos del Ejecutivo.
Los operadores legislativos ya anticipan sesiones entre feriados y brindis tardíos para tratar lo que quedó en el tintero. A falta de certezas, la escena recuerda más a un torneo medieval que a un trámite institucional: cada senador afila sus armas políticas para el cierre de año.
En medio de la vorágine legislativa y las tensiones por el Presupuesto y otros proyectos clave, Villarruel volvió a encender las alertas sobre las internas de La Libertad Avanza al comentar un tuit que calificaba a Patricia Bullrich de “totalmente gagá” tras un error de la exministra en un plenario de comisiones. La vicepresidenta no se quedó en el gesto: primero reaccionó al posteo con un comentario que impulsó su viralización y después buscó matizar la escena subrayando que mantiene una relación de trabajo “muy bien” con Bullrich y que valora su incorporación al Senado, pese a los chispazos públicos.
El Índice Chori se disparó en la marcha de la CGT
El “Índice Chori” es una brújula más honesta que varios powerpoints oficiales. Si la oposición quiere medir “sensación térmica social”, nada mejor que seguir el precio en los puestos de las marchas. El mismo pasó de 3000 pesos en septiembre de 2024 a 4000 en febrero de 2025. En abril ya cotizaba $4500. Para septiembre se movía entre 5 y 6 mil, y en diciembre 2025, durante la movilización del pasado jueves, trepó a los $10 mil. No hace falta manual de economía: cuando hasta el choripán se vuelve artículo de lujo, la calle lo siente.
El dato no quedó aislado. Fue protagonista silencioso en la última movilización de la CGT contra la reforma laboral que impulsa el Gobierno. Mientras las columnas avanzaban, los vendedores improvisaban pizarras sin pudor: “Chori $10.000”. Hubo piquete de billeteras flacas y discusiones filosóficas sobre si pagar eso equivalía a entregar el aguinaldo.
Entre bombos, reclamos salariales y discursos encendidos sobre pérdida de derechos, el precio del pan con carne y chimichurri se volvió parámetro de bronca. Delegados de varios gremios comentaban que la calle huele distinto cuando el salario real retrocede más rápido que los aumentos prometidos. Un dirigente murmuraba que con esta inflación "ni los planes de lucha tienen parrilla asegurada".
El Gobierno tomó nota del tamaño de la protesta y acusa recibo del malhumor social, aunque prepara nuevas rondas de negociación parlamentaria confiado en que podrá aprobar el paquete laboral. Si lo logra o no, quedará para otra sobremesa. Por ahora, el termómetro sigue clavado en la parrilla. Y pocas cosas incomodan más al poder que una CGT movilizada y un choripán que vale cinco cifras.
Papá Noel versión Callejero y la interna que no toma vacaciones
En un quincho del conurbano, el “Nene” Ramón Vera se dejó llevar por el espíritu navideño. Un Papá Noel gigante, sillón rojo y gorro a tono. Para completar la escena, el parlante explotaba con Callejero Fino a todo volumen. Los invitados juraban que el setlist estaba pensado al detalle: reggaetón, cumbia 420 y mensajes subliminales para propios y ajenos.
El disfraz navideño no alcanzó para tapar la interna. Mientras algunos legisladores brindaban, otros cuchicheaban sobre cómo viene la pulseada por cargos y cajas en Moreno. Hay quien dice que el Nene busca blindar espacio para 2026; otros sospechan que su movida navideña, entre inocente y estratégica, fue un gesto de posicionamiento. En el fondo, punteros comentaban que “Papá Noel trae regalos, pero también pasa lista”.
Empanadas, rosca y saludos tibios en el microcentro
En una terraza del microcentro, el cierre de año de A1000 mezcló clima político y rosca porteña. La organización dedicada a pensar nuevas soluciones para los problemas urbanos, fue fundada por Emmanuel Ferrario, quien se desempeña como director ejecutivo.
Cervezas Corona, empanadas y bandejeo acompañaron charlas sobre la Legislatura porteña y la agenda pública de la Ciudad, con la presencia de Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, y Juan Manuel Olmos, entre otros. Algunos comensales tildaron de "ratón" a Ferrario. "Podría haber puesto algo más", se escuchó decir a un diputado nacional sobre la supuesta escasez del menú.
María Eugenia y Larreta en el mismo espacio. ¿Saludos distantes? Los que lo vieron dicen que sí. Además, la exgobernadora fue comentario de varias charlas entre los participantes por su relación política con Mauricio Macri, tildada de “inentendible” por un hombre que trajina los pasillos de la Legislatura de la Ciudad. Larreta y Vidal comparten amistad con Emmanuel Ferrario. El legislador trabajó con ambos. De allí la coincidencia en tiempo y espacio.
También se vio charlando (¿negociando?) al reelecto Vicepresidente 1° de la Legislatura, Matías López, y al histórico operador peronista Juan Manuel Olmos. El angelicismo ausente; probablemente ocupados en el desembarco en la Legislatura porteña.Otros que dijeron presentes son “los Lilitos” siempre cercanos al larretismo.
A la hora del brindis, Ferrario apeló al mantra de la casa: “participación, comunidad y acción concreta”. Algunos asistentes, todavía masticando empanadas, asentían; otros miraban el reloj. En el tablero porteño, las palabras quedan lindas, pero la mayoría vino a otra cosa: calibrar la rosca del año que viene, que promete menos romanticismo y más cálculo fino bajo el sol de cemento.
Cambio de sillas y veto caliente: el verano empezó en La Plata
La sesión en Diputados bonaerense dejó más que juramentos de rutina. La renuncia de Verónica Magario habilitó un reacomodo interno y destrabó el reparto final de autoridades del cuerpo. La UCR y los libertarios dialoguistas se quedaron con las vicepresidencias vacantes, movida que consolidó a esos bloques como engranajes de equilibrio entre el oficialismo de Axel Kicillof y el liberalismo orbitando a Javier Milei.
Las dos vicepresidencias que faltaban terminaron en manos de la UCR y de los libertarios dialoguistas, un dato que no pasó desapercibido en los pasillos. La radical Matías Civale y la libertaria “blue” Blanca Alessi se quedaron con lugares clave en la mesa de conducción. El ascenso de Alessi tuvo, además, lectura interna: tras la ruptura del liberalismo bonaerense, Unión y Libertad quedó con más volumen que otros desprendimientos y logró capitalizarlo con un cargo institucional. De yapa, será la única mujer entre las vicepresidencias.
El otro punto caliente fue el veto parcial de Kicillof al presupuesto legislativo 2026. El gobernador objetó el artículo que automatizaba el envío de fondos a Diputados, frenó el “goteo” y anuló la intervención del Tribunal de Cuentas ante incumplimientos. Desde Gobernación hablan de razones técnicas, por la necesidad de preservar la lógica de la cuenta única del Tesoro.
En el Palacio Legislativo la lectura es más política: el veto expuso las tensiones entre kicillofistas, cristinistas y massistas, socios incómodos en la conducción del cuerpo. Con un presupuesto que ronda los $223.000 millones, Diputados evalúa si acepta la decisión, va a la Justicia o insiste con los dos tercios. Nadie se anima a anticipar el cierre, pero todos coinciden en que la pulseada recién arranca y promete capítulos veraniegos.
Mientras tanto, en el Senado bonaerense sigue trabada la definición de la vicepresidencia primera, un puesto clave en la línea sucesoria de Axel Kicillof que aún ocupa de forma provisoria el exlibertario Carlos Kikuchi. La indefinición motivó una nota del kirchnerismo y once senadores para exigirle a Verónica Magario una sesión especial antes de fin de año, con el fin de destrabar el cargo y evitar que dos proyectos del Ejecutivo, la empresa estatal de ambulancias y el laboratorio público de medicamentos, pierdan estado parlamentario. En el reparto de nombres suenan Mario Ishii, impulsado por el kirchnerismo y el massismo, y Ayelén Durán, promovida por sectores kicillofistas, que reclaman que la elección tenga el aval directo del gobernador.
Charla con Papá Noel, volumen II
Argentino: Te vuelvo a agarrar antes de que arranques con el reparto navideño. Esta vez vengo con pedidos más terrenales.
Papá Noel: Si es por plata, la cola la hacés allá. Igual te aviso: estamos con presupuesto “capítulo 11”.
Argentino: Nada exorbitante. Solo quería pedir que la reforma laboral salga alguna vez.
Papá Noel: Jo jo. Se pateó para febrero. Dicen que así llega con más consenso. Como los fuegos artificiales: siempre prometen que este año no explotan ventanas.
Argentino: Entonces traeme un acuerdo del Mercosur. Chiquito, sin moños. Algo que no naufrague en la última cumbre.
Papá Noel: Pedidos internacionales complican. Brasil pide una cosa, Italia otra, Francia mira el reloj. Ni en Navidad se ponen de acuerdo.
Argentino: Bueno, dame paz social para diciembre.
Papá Noel: La CGT ya marchó y amenaza volver. Paz social… ¿qué es eso? Acá tenemos paritarias, movilizaciones y comunicados a toda hora.
Argentino: Al menos asegurame que el Presupuesto salga.
Papá Noel: Estamos contando votos y calculando voluntades. Si el capítulo 11 pasa, es por arte arcano, no por magia navideña.
Argentino: Entonces qué me dejás bajo el arbolito.
Papá Noel: Una reposera y un mate. Vas a necesitar paciencia. El verano político recién arranca, y la función sigue después del brindis.
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