A pesar de la celeridad casi sin precedente de las primeras cinco semanas del Gobierno de Alberto Fernández, y a las puertas de su primer viaje oficial que obligará a dejar a Cristina de Kirchner a cargo del Ejecutivo por algunos días, la principal inquietud, sin embargo, no se centró en este hecho ni en el rechazo del Vaticano al nombramiento de diplomático de carrera, Luis Bellando, utilizando un argumento futil o, ni siquiera, al 5o aniversario de la muerte del fiscal Nisman, el tema obligado en todos los quinchos de un lado y otro del Río de la Plata, y que ameritó centímetros de columna en los diarios, horas de televisión y de radio, y los más sesudos análisis de los más conspicuos hombres (y mujeres) del periodismo vernáculo, sino que las palmas se las llevó el vuelo del chancho/cordero que en un más que controvertido delivery exprés aterrizó en una piscina privada de José Ignacio, lanzado desde un helicóptero con envidiable, llamativa, puntería.

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