Sin duda, la presencia de los candidatos a Gobernador de la provincia de Buenos Aires, el plato fuerte de las próximas elecciones, encabezada por los pretendientes de la pelea de fondo: la oficialista María Eugenia Vidal y el retador, Axel Kicillof, en la sede de una entidad -fuerte- del sector agropecuario, como Carbap, fue uno de los hechos políticos de la semana. Y, si bien Kicillof venía antecedido por la abrumadora mayoría que la oposición cosechó en las PASO, no es menos cierto que el recuerdo de la relación que tuvo la administración Kirchner con el campo, no era muy tranquilizador. Sin embargo, tampoco María Eugenia Vidal la tenía fácil, ya que la relación con el campo no fue todo lo fluida que su jefe, Mauricio Macri, le quiso imponer desde la Nación, ni acorde con los esfuerzos que su ministro, Leonardo Sarquís, ni el titular del Bapro, Juan Curutchet, fueron tejiendo a lo largo del tiempo, lo que Vidal no capitalizó. Tanto era así que, excepto la gobernadora, todos los restantes (incluyendo Kicillof) estuvieron previamente en las oficinas ruralistas de Congreso, como para limar asperezas y hacer acuerdos para el gran día, o simplemente, para hacer “sociales”. El saldo del encuentro fue parejo, con muchas más anécdotas y chimentos, que compromisos ciertos. Por el lado de Kicillof, que se presentó solo en el estrado, y más cómodo con la macro, preparó un power point (¿efecto Marcos Peña, o solo coincidencia etaria?) en el que como buen manejador de números, mostró en más de un caso, que “al campo” no le fue tan mal en la era Kirchner o, al menos, que durante el macrismo tampoco le fue tan bien. Cumpliendo la consigna, Vidal, rodeada por Sarkis; su nuevo ministro, Adrián Bonoris (en lugar de Lacunza, ahora en la Nación) y Curutchet, fue contestando cada uno de los ítems que se les había adelantado en la consigna. Ambos hablaron de “mesas de impuestos”, sobre todo para abordar el muy ríspido tema del Inmobiliario Rural bonaerense, y el igualmente controvertido tema de la herencia (legado de Daniel Scioli). Un tema que causa escozor es la aparente decisión de Kicillof de optar por la “estratificación” para las distintas políticas sectoriales, tema que en el campo fue generalmente impracticable, entre otras cosas, por la imposibilidad de controlar. Así, mientras uno se mostró amigable e inclinado al diálogo, y la otra pasaba revista a todo lo hecho, el titular de la entidad, Matías de Velazco respiraba con cierta satisfacción, y mucho alivio, por el final de las jornadas.

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