«Si hubiese estado el viejo Alí, esto no pasaba.» El viejo Alí es Alí Rodríguez, ex súper canciller de Hugo Chávez, ahora recluido en Cuba en una doble función de embajador en La Habana y de paciente top al que los médicos de Fidel Castro vigilan una vulnerabilidad arterial.
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Delegado de Chávez en la isla, ya septuagenario el ex jefe guerrillero venezolano, se entrega a los militares cubanos que los asisten en su rehabilitación motriz: hace una década, en un atentado, lo atropelló un automóvil y desde entonces carga una pierna emparchada por el mundo.
Con Alí, dicen en Caracas y en Buenos Aires, no hubiese pasado lo que pasó: que Roger Capella, el ya retirado embajador venezolano ante Néstor Kirchner, oriente su «diplomacia activa» hacia activistas que son muchas cosas, entre ellas chavistas, menos kirchneristas.
Pero Rodríguez no estuvo para evitarlo y, de un mal modo, ese capítulo se cerró: Chávez decapitó a su «amigo» Roger y, en una señal para la Casa Rosada, evalúa designar en su lugar a Roy Chaderton Matos un diplomático de carrera que, en teoría, garantizaría no intromisiones.
«Todavía no tengo un nombre pero tengo varios candidatos», aseguró ayer Chávez al llegar a la Argentina. Pero en Caracas, todas las voces apuntan hacia Chaderton.
Hay una biografía formal, desapasionada, de Chaderton que lo muestra escalando posiciones en la diplomacia venezolana desde su ingreso en 1969, primer gobierno de Rafael Caldera, en que la cancillería la controlaba Arístides Calvini, el decano de los diplomáticos venezolanos.
Con múltiples destinos como embajador en las últimas dos décadas -Alemania, Canadá, Noruega y Bélgica, entre otros- Chaderton se convirtió en uno de los diplomáticos más respetados. Más tarde, en 1998, siendo embajador en Londres, conoció y se fascinó con Chávez.
Militante de la democracia cristiana venezolana, Chaderton derivó hacia el chavismo y llegó, incluso, a ser canciller del gobierno bolivariano entre mayo de 2002 y febrero de 2004.
Tuvo otra tarea delicada: como embajador itinerante «operó» para que Venezuela ocupe el sillón que le corresponde a América latina en el Consejo de Seguridad.
Esa aventura chavista, se sabe, fracasó: la butaca, finalmente, fue para Panamá, pero en el lapso Chávez hasta cedió territorio: urgido a sumar respaldos, el «comandante» le prometió a Guyana que dejaría de reclamar 159.500 km cuadrados en disputa desde hace medio siglo.
Entredicho en Francia
Se equivocan quienes creen que Chaderton es un moderado sin exabruptos ni conflictos. Chávez tuvo que sacarlo de París -embajada a la que se mudó tras dejar la Cancillería- porque, poco caballero, su delegado tuvo un entredicho con una diplomática francesa.
Además, converso de la DC al chavismo más ultra, Chaderton suele sobreactuar su alineación con el comandante con gestos que simpatizan a Chávez: patalea, por caso, contra los medios de comunicación y suele quejarse por el uso del inglés en las cumbres mundiales.
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