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• Es indudable que la aproximación de los Kirchner a Hugo Chávez fue temprana. Hubo señales de ella desde que se estableció el nuevo gobierno y el presidente venezolano asistió a la ceremonia inaugural, oportunidad en la que compitió con Fidel Castro para atraer la simpatía de la izquierda populista local. Pero el Presidente y su esposa resistieron el magnetismo del bolivariano en obediencia a algunos consejos recibidos en Washington. Cuando George W. Bush le hizo notar a Kirchner que «ese muchacho no me gusta», el santacruceño contestó con una formalidad para salir del paso: «Yo no visité Venezuela, él me visita a mí». Efecto de ese cruce de palabras fue la frialdad con que fue tratado Chávez cuando pasó media semana en Buenos Aires hace exactamente un año: deambuló por la ciudad con escasas compañías oficiales, salvo la de Miguel Bonasso. Sus otros contertulios fueron Alicia Castro, Hebe de Bonafini o Víctor De Gennaro. Nada de ministros.
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