Política

Mario Adaro: "La falta de independencia del Poder Judicial no puede ser resuelta por ningún avance tecnológico"

El juez Mario Adaro flamante director del Instituto Federal de Tecnología y Justicia analiza la irrupción de la tecnología en los procesos judiciales.

Un silencio nada despreciable se disfruta en el segundo piso de Alem al 1.000 en pleno Retiro. En el salón de conferencias de la Junta Federal de Cortes y Supremos Tribunales de Justicia de las Provincias Argentinas (JUFEJUS) quizá sean las 23 banderas que rodean buena parte del recinto las que absorben el bullicio, y permiten compartir con Mario Adaro (50, Palmira, Mendoza) dos cosas poco frecuentes: la reflexión y la calma.

Adaro, que integra la Corte Suprema de Justicia de Mendoza, es el flamante director del Instituto Federal de Tecnología y Justicia, creado con el objeto de modernizar la justicia de las provincias argentinas, e impulsarlas a formar parte del Estado 4.0, nuevo paradigma del sector público que se propone utilizar herramientas digitales para mejorar el servicio.

En ese rol, y de la mano de María del Carmen Battaini, presidenta electa de la Junta Federal, Adaro se despliega trazando perspectivas acerca del futuro inmediato de la Justicia en Argentina y América Latina: despapelizar, digitalizar, y volverse inteligente.

Periodista: ¿Cuáles son los propósitos del Instituto Federal que usted dirige?

Mario Adaro: Bueno, más que propósitos, te cuento dos cosas que ya son realidades. La primera es que, desde aquí mismo, donde estamos, hoy se brinda capacitación a distancia a todo el país, con un software de avanzada que sólo la Universidad Siglo XXI tiene. El sistema se llama Reflejar.

No estamos hablando de ver videos, hacer streaming, o nada de eso, sino que, directamente, alguien desde acá da un seminario y, en vivo y directo, desde las 23 provincias los efectores judiciales interactúan entre sí y con quien está enseñando. Es una plataforma que nos costó $10 millones, y fue la mejor inversión que pudimos haber hecho con ese dinero: tecnología para mejorar los recursos humanos.

P.: Claro. Y hace poco firmaron un convenio con ARSAT, ¿verdad?

M.A.: Bueno ese es el segundo desafío que encaramos. Estamos desarrollando la primera Nube Judicial en toda América Latina. Entendimos que había que avanzar con recursos del sector público brindando a toda la Justicia herramientas digitales que estén a disposición de los jueces. Eso nos da eficiencia a un costo relativamente bajo.

Pero lo más interesante es que lo estamos haciendo en código abierto, colaborativo, para poder estar a la vanguardia y mejorar lo que hacemos. Esta nube judicial resuelve, como una gran caja de herramientas, muchos de los problemas que hoy tienen las cortes y tribunales superiores provinciales en todo el país.

Para eso firmamos convenio con ARSAT, porque brindará el soporte de hardware y la conectividad para usar la nube no sólo almacenando documentos, modelos de respuesta, etcétera, sino que, entendiendo la plataforma como una solución más integral, resolverá problemas cotidianos del hacer jurídico.

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Innovar… ¿para qué?

La Nube Judicial que describe Adaro implica una inversión de $40 millones. Con ella, habrá que capacitar a 100 operadores de las justicias provinciales argentinas y contratar servicios de empresas privadas, más allá de trabajar en el desarrollo de software propio.

No es ninguna genialidad razonar que, en principio, hacer que la justicia sea digital resulta un beneficio en términos de sustentabilidad y eficiencia: se vuelve más económica, ágil y efectiva. Todas, cualidades que escasean en una organización tremendamente burocrática y piramidal, y que atraviesa las asimetrías nacionales de norte a sur.

Incluso, tal como sostiene el propio Adaro, tender hacia la justicia inteligente supone cambiar el paradigma medieval según el cual el juez es un semidiós, y por ello el ciudadano hace toda clase de sacrificios y renunciamientos con tal de que se le provea justicia. Se trata de acercar la justicia a la gente, hacerla empática. Otro punto a favor de la innovación tecnológica.

Ahora bien. Hasta allí, las bondades del paradigma Estado 4.0 sólo aparecen vinculadas con cuestiones procedimentales, instrumentales, pragmáticas. Pero, detrás, levantando la vista se avizora un valor que sostiene el colosal esfuerzo de hacer salir a la burocracia judicial argentina, entera, de su zona de confort.

Adaro subraya “de las 3 cosas que se le reclama a justicia, la tecnología ofrece 2: transparencia y eficiencia. Transparencia, ligada con el gobierno abierto, que comparte información y se vuelve auditable, porque si la justicia es digital, trabaja con datos; y los datos hay que abrirlos a la sociedad, para que el ciudadano sepa cómo trabaja el Estado. Eficiencia, porque naturalmente cada instancia logra sus metas en menos tiempo y a menor costo. Además, se puede trazar cada procedimiento, para evaluar cada parte y mejorar en forma continua. Lo que la tecnología no puede garantizar es independencia de poderes. Eso depende del Ser Humano”.

Mejorar la Justicia para fortalecer la democracia

Eureka. Tenemos aquí un primer punto para pensar. Según Adaro, la sociedad le reclama a la justicia transparencia, eficiencia e independencia. ¿Por qué será?

Según Latinobarómetro, América Latina está actualmente en el nivel más bajo de valoración de la democracia desde finales del siglo pasado, aún con su historia reciente de golpes de Estado. Los estallidos sociales en países vecinos no hacen más que confirmar que hay grandes sectores de la sociedad latinoamericana que se perciben víctimas de alguna clase de injusticia, y se rebelan. Los sociólogos utilizan el término desigualdad para referirse al problema de fondo.

Injusticia y desigualdad van juntas. Y de allí deviene la falta de convicción democrática. Suena a película de terror, de mala calidad y peor augurio.

En este contexto, empieza a quedar claro que mejorar la justicia no es un fin que se agota en sí mismo, sino que tiene como horizonte aportar calidad a la democracia.

Adaro lo pone en perspectiva: “La clase dirigente argentina tiene que poner en agenda la gobernanza digital. En el plano internacional, yo creo que hay que lograr acuerdos entre todos los sectores involucrados en innovación, o sea, las empresas, el Estado, las ONGs, y los ciudadanos. De lo contrario, es imposible asimilar en un marco de respeto por los Derechos Humanos, toda la transformación que vivimos en este tiempo. Hoy los políticos argentinos no están hablando de ciberseguridad o perfilamiento ciudadano. Pero van a tener que entender que por ahí pasa la cosa, y que cuando hay desigualdad, ahí tiene que estar el Estado”.

P.: ¿Cómo hacemos para creer en la justicia, puntualmente en Argentina, cuando todavía no sabemos qué pasó en la AMIA, o cómo murió Alberto Nisman? ¿La justicia inteligente, que usted impulsa, trae mejoras en ese sentido?

M.A.: Bueno ese es un punto clave. La corrupción y la falta de independencia del Poder Judicial no pueden ser resueltas por ningún avance tecnológico. Sin embargo, hay que valorar el ‘pago chico’, como decimos en el interior. Mirá. A veces uno no presta atención a lo que ocurre cerca de uno, porque es asunto doméstico, hecho acá, con lo nuestro. Pero tenemos que cambiar esa forma de minimizar lo que logramos.

Hoy, nosotros hemos hecho avances notables, con muy poco. Te conté Reflejar, y la Nube Judicial. Por supuesto que hay asimetrías. Algunas provincias no están despapelizadas, hay cierta resistencia por parte de los empleados, y hay brecha digital -(N. de R: entre quienes tienen pleno acceso al mundo digital y distritos a los que no llega internet o servicios digitales esenciales).

Pero, al mismo tiempo, hoy somos vanguardia en Inteligencia Artificial aplicada a la justicia, con Prometea, en la Ciudad de Buenos Aires. Aunque no lo veamos, o nos cueste darle el valor que verdaderamente tiene, estamos haciendo punta a nivel mundial. Nosotros aplicamos Prometea en Mendoza, desde este año. Y verdaderamente es disruptivo.

A ver. Argentina, en materia de Justicia, no tuvo trascendencia mundial hasta el Juicio a las Juntas militares, con Alfonsín. Ese episodio marcó un hito jurídico internacional en defensa de la democracia. Luego de eso, aunque parezca mentira o no se le dé la importancia que merece, me atrevo a decirte que nuestro hito siguiente es Prometea. No hay congreso o evento de justicia al que yo vaya, sea en Estados Unidos, México, o Europa, que no mencionen este avance.

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Ahora la charla se torna más profunda. Adaro tiene una cadencia en la voz, esperable por su condición de mendocino. No malgasta bromas, pero argumenta con tono amable, mezclando iguales dosis de información precisa y entusiasmo. Se reconoce un amante de la tecnología que, a los cincuenta años, puede narrar el paso de lo analógico a lo digital en todos los soportes: de la televisión blanco y negro a Spotify.

Pero queda claro que Adaro es, primero, un ferviente demócrata; y luego, un hombre del Derecho cuya época lo vuelca, indefectiblemente, a la tecnología: “yo tengo mis posturas partidarias e ideológicas, porque vengo de la militancia, pero cuando comencé a tener responsabilidades en el Poder Judicial, las dejé a un lado. Me capacito constantemente, porque el cambio es permanente, y porque mi pasión es lo público. Y hoy, para hacer transformaciones reales en la justicia, hay que hablar de inteligencia artificial” enfatiza.

P.: ¿Cómo ve el futuro de la justicia argentina en materia de innovación?

M.A.: En Mendoza llevamos adelante una transformación muy importante, aunque pasó inadvertido. El gobernador, Alfredo Cornejo, modificó la organización de toda la justicia provincial: nosotros estábamos repartidos según los fueros y la materia: correccional, penal, garantías, etcétera. Se hizo la reforma y entonces todos los jueces pasamos a estar colegiados y ser de primera instancia penal, en dos colegios.

Pero nos habían quedado 12 jueces, 100 pedidos de audiencia por día, y 16 salas de audiencia. Había que calendarizar, porque no daban los números.

Entonces aplicamos tecnología para optimizar el uso de las salas de audiencia, en relación con la agenda de los jueces, para poder dar abasto a toda la carga de trabajo. Al mismo tiempo, había que ordenar la actividad para que no se superpusieran tareas, cruzando datos con un montón de oficinas diferentes. Usando Machine Learning, pudimos hacerlo. ¿Y sabés quiénes lo desarrollaron? 3 chicos de 19 años de la UTN -se ríe. ¡Dimos un salto generacional extraordinario!

Así que lo que te puedo asegurar es que en las provincias está la idea clara de que este es el camino. Yo prefiero ver, en este sentido, el vaso medio lleno. Ojalá la Corte Suprema de Justicia de la Nación tome la innovación como eje. Ahí podremos pensar en un impulso mayor.

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Por enésima vez, Mario Adaro me regala una sonrisa optimista. Acto seguido atiende por teléfono a uno de sus hijos, que le hace un pedido. Acepta la diligencia sin chistar. “Dale, pasame las características, decime dónde lo busco y te lo llevo. Ahora termino la entrevista, me doy un baño y voy a verte”.

Relojeo por encima del hombro del juez, y veo su valija, esperándolo para una hora y cuarenta minutos de vuelo, de regreso a Mendoza. Da la sensación de que Adaro es como esos carrileros que, según los que saben, inventó Bilardo: pura ida y vuelta, entrega, pulmones, sacrificio. De los que no llaman la atención, pero son imprescindibles.

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