Semana crítica para Larreta: busca equilibrio en la "curva"

Política

Son los últimos días del tramo presente de cuarentena al que sucederá una nueva decisión. La crisis sanitaria y la económica tironean al jefe de Gobierno en su propio entorno.

Continuar, flexibilizar o restringir son las tres opciones -no hay otras- que evalúa cada día el Gobierno porteño acerca del aislamiento que ya tuvo su apertura pero que también atraviesa por un momento de distensión que se torna difícil de controlar, casi no se hace. No existe en ese menú la posibilidad de levantar definitivamente la cuarentena, menos cuando se pronostica un crecimiento de la epidemia en el distrito que, junto con el conurbano, concentra el peor escenario sanitario del país.

Se les agregan a las actividades permitidas que a su vez habilitan al público a circular otros condimentos de un extenso encierro que, en el momento más crítico, parece menos rígido. Las manifestaciones “anticuarentena” que aglomeran a un surtido de demandas (desde antivacunas hasta comerciantes que quieren abrir sus locales) le agregan presión al momento. No es sólo la protesta, sino imágenes que reflejan el desapego por las normas básicas que impone la pandemia, como el uso de barbijos y el imprescindible distanciamiento entre personas. Para el Gobierno porteño esas quejas, creen, son por distintos motivos y apunta a una etapa de mayor comunicación.

La recaudación sigue en caída, pero los contagios por coronavirus todo lo contrario. La puja dentro del Gabinete porteño no termina de saldarse más allá de la gravedad sanitaria. De un lado las áreas económicas que impulsan una mayor apertura de actividades o por lo menos que no se cierren las que están habilitadas, del otro quienes se aferran a los números crueles de la pandemia y estarían conformes con más restricciones. “Hay que contagiarse”, dicen otros en torno a la teoría de una barrera inmunológica ante la falta de vacuna. “Es irresponsable pensar eso”, sostienen quienes descartan la posibilidad de derrotar la epidemia por ese camino. Todos coinciden, en cambio, en prevenir el colapso del sistema de salud con una cifra inesperada de enfermos de Covid-19.

Un dato alentó al equipo de Larreta la semana pasada: se amesetó el conteo, pero la mala noticia fue que el sábado se disparó nuevamente con 441 infectados, lo que llevó a la Ciudad a más de 9.300 casos, pero ayer se contabilizaron 358 enfermos nuevos y 254 en la provincia de Buenos Aires. En conjunto, 612 casos de los 637 del país que se sumaron ayer.

Pasados tantos días de aislamiento obligatorio, sin embargo la decisión de otra ronda de cuarentena que se definirá el fin de semana es más complicada para Horacio Rodríguez Larreta. Ahora el jefe de Gobierno de la Ciudad le agrega a la evaluación de estas horas el estado de ánimo de los porteños. Esa variable, creen, repercute en el cumplimiento de las reglas y el comportamiento en la calle.

Además, se agregará la posibilidad de remontar, algo, la actividad económica que a su vez produce las demandas de comerciantes que no reúnen para el alquiler de los locales o sus propios gastos diarios, tanto como pequeñas y medianas empresas que no tienen habilitados sus rubros. Después de todo, ayer mismo en el conurbano abrieron nuevas posibilidades con habilitaciones en 8 municipios.

Para Larreta, se trata de hacer un equilibrio fino sobre la base de la curva dramática que se presentará esta semana.

En tanto, la sensación de un “ya está” por parte de los vecinos la adjudican al “agotamiento” que ya produce la cuarentena, a pesar del momento en que el diagnóstico es crítico. Así los próximos pasos estarán nuevamente considerados sobre la base del comportamiento de la curva de 15 días para atrás.

“Estamos atentos al posible cansancio de la gente al encierro, la cuarentena y la angustia que ello genera más la incertidumbre del virus”, explican funcionarios del Gobierno porteño. Por otro lado, incrementarán las acciones de difusión con la idea que comenzó al flexibilizar la cuarentena con la apertura de 60 mil locales con atención al público el 12 de mayo pasado: “promover el control social”, ante la imposibilidad de controlar minuciosamente que se respeten la reglas que permitirán mantener la actividad comercial activa.

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