Casi como una provocación, Julio Cobos recibirá mañana en su despacho del Senado a la cúpula de la Conferencia Episcopal Argentina, que encabeza el cardenal Jorge Bergoglio, encuentro varias veces postergado por ambas partes y que adquiere ahora una mayor trascendencia política en medio del protagonismo que el vicepresidente logró a partir de haberse reunido con gobernadores díscolos en medio del conflicto por las retenciones móviles. Bergoglio irá acompañado por los obispos Luis Villalba, Agustín Radrizzani y Sergio Fenoy, que junto al cardenal primado integran la comisión ejecutiva del Episcopado.
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Aunque los organizadores se esmeran en darle a la visita un carácter «protocolar», la confirmación del encuentro crispó a más de uno en el entorno presidencial.
Dentro de la cosmovisión del kirchnerismo fustigan a Cobos porque creen que de esta manera sube su apuesta en la búsqueda de aliados. Sólo quedaba la Iglesia: ya recibió a gobernadores, después a los dirigentes rurales, aprovechó al máximo las posibilidades mediáticas para exhortar a la búsqueda del « consenso en lugar de votos», y hasta acercó un proyecto propio para modificar la Resolución 125. Ahora, pese a los protocolares contactos que mantuvo el jefe de la Iglesia con Cristina de Kirchner, nadie desconoce el tono confrontativo con la Casa Rosada que tuvo el mensaje del plenario de obispos, en medio del conflicto con el campo.
«El encuentro con el vicepresidente no tiene nada que ver con la situación del campo», batían en las últimas horas de uno y otro lado. Sin embargo, es un hecho que los prelados llevarán ante Cobos su preocupación por la fragilidad de la paz social, e insistirán en su reclamo de diálogo. Sin embargo, no todas serán críticas. Según pudo saber este diario, los religiosos elogiarán el gesto de la Presidente de haber enviado al Congreso el proyecto de las retenciones.
La audiencia, que fue otorgada hace unos 15 días, se concedió para mañana a las 11 en respuesta a un pedido de los obispos solicitado tras el encuentro que la cúpula episcopal mantuvo con la jefa de Estado, en diciembre del año pasado.
El castigo dialéctico y gestual del kirchnerismo no se agotó en las réplicas del jefe de Gabinete, Alberto Fernández. El fin de semana, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, le advirtió que «su preocupación debe concentrarse en preservar los intereses del Poder Ejecutivo que representa» y en buscar «consensos con la mayoría del pueblo argentino que votó a la Presidenta», y no «con la Argentina concentrada y corporativa».
El gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, también le dedicó un consejo: «El vicepresidente tiene derecho a opinar respecto de lo que le parezca, pero lo que me parece importante es respetar a rajatabla la conducción política de la Presidenta».
Cobos no tardó en responderles y medianteun comunicado dijo que «el rol y las acciones del vicepresidente de la Nación se enmarcan en la búsqueda del bien común para beneficio de todos los argentinos, los que nos votaron y los que no nos votaron». Y agregó: «Mis acciones son institucionales y enmarcadas en un profundo respeto al sistema democrático y a la Constitución nacional».
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