13 de diciembre 2004 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

(Categorización: IMPRESCINDIBLE, BUENO, REGULAR, PRESCINDIBLE)

Verbitsky, Horacio («Página/12»): REGULAR.

A pesar de su carácter de « vocero servicial», por usar una denominación a la que él mismo apela para descalificar a otros oficialistas. Sin embargo, este fin de semana aporta menos información y se concentra en justificar (mejor que muchos funcionarios, es cierto) las medidas de Néstor Kirchner. Importan sus comentarios si se los toma como una exhalación de la Casa Rosada: 1) Se burla de Lavagna por tener que retornar al Banco de New York como agente de la Argentina en EE.UU. El bochorno de recurrir al banco que acusó de «conspirador» contra los intereses del país es «lo que suele ocurrirles a quienes hablan con frialdad pero deciden en caliente, a la inversa de Kirchner, a quien se le atropellan las palabras pero no las ideas». Según el columnista-vocero, el ajuste de cuentas oficial de Lavagna se produjo pero a nivel de Alberto Fernández, no de Kirchner. 2) En su columna, Verbitsky le explica a Lavagna algunas ideas del Presidente (como suele hacer, pero a la inversa, Joaquín Morales Solá en «La Nación»). En este caso, defiende la idea de explicar la relación con el Fondo Monetario Internacional ante el gobierno de España y le aclara al ministro (que piensa en otro papelón del gobierno si se pretende una gestión española ante Rodrigo de Rato) que no se trata de pedir nada. 3) Verbitsky se abraza a la política salarial del gobierno y trata de «paleo izquierda» a quienes la atacan; aunque admite -como señaló este diario el lunes pasado-que estos aumentos por decreto contribuyen a que siga habiendo trabajo en negro o, directamente, desocupación. 4) Finalmente, Verbitsky dedica un recuadro para embajadores de otros países que quieran saber algunas conductas internacionales de Kirchner: allí confiesa -vale el dato por quien lo escribe, ya que es bastante obvio-que Kirchner está en contra de la política «sudamericana» de Lula y del ingreso de Brasil al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro permanente. Y vincula estas diferencias con las polémicas comerciales de esta semana.

Morales Solá, Joaquín («La Nación»): PRESCINDIBLE.

Dice que «Kirchner no quiere volver a someterse al señorío del organismo (por el FMI). Detesta la sola idea de las revisiones trimestrales que eran, al fin y al cabo, un atajo del Fondo para ejercer una auditoría permanente sobre las decisiones de su gobierno». El domingo pasado, el mismo Morales Solá escribió: «Suponer ahora que Kirchner quiere irse del Fondo es conocerlo muy poco o dejarse tentar por los cuentos de la infancia». Esta sola comparación de lo escrito por el columnista con apenas 7 días de diferencia obliga a desconsiderar su nota de ayer (o ambas). Aunque vale la pena apuntar que, como de costumbre, Morales Solá se extravía cuando intenta ingresar en el terreno de la economía. Si la Argentina abandonara las revisiones del Fondo, privaría al mundo de los inversores de la única auditoría capaz de garantizarles que poniendo plata en el país no quedarán al arbitrio de las decisiones o decretos que adopte un presidente -éste o cualquiera-según el humor con el que se levanta de la cama. Esta es la principal ventaja de que el país siga sometiéndose a esas revisiones. Abandonarla sería provocar un daño que Morales Solá no consigna ni comprende como juego de inversiones. En todo caso, en la nota suena tanto la voz de Lavagna, que parece una respuesta a la nota de Verbitsky, donde aparece nítida la de Kirchner. Delicias de la autonomía intelectual del periodismo en estos tiempos.

Grondona, Mariano («La Nación»): PRESCINDIBLE.

Sigue sin inspirarse con un gran ensayo, como el que ofrece de tanto en tanto, y se malogra esta vez Grondona intentando lo que menos sabe: procesar información concreta, cotidiana. En este caso, intenta predecir la salida de Lavagna del gobierno, un tema que ocupó a la opinión pública la semana anterior. Y se equivoca en sus evaluaciones. Sobre todo en una: decir que es una virtud de Lavagna postergar las decisiones, sobre todo la de salir del default. Como si hubiera que agradecer, como recomienda el columnista, que la Argentina negocie con un superávit histórico (que obliga al gobierno a inventar destinos disparatados como el de pagar todo un año al Fondo sin negociar) y con deficiencias técnicas patéticas, como se demostró en el caso de la expulsión y recontratación del Bank of New York. Llama la atención que alguien racional como Grondona afirme que una de las desventajas de acelerar la reconexión de la Argentina con el mundo sea que, una vez que se realiza, hay que comenzar a pagar: ignora que también se reingresa al circuito de la financiación, del que hoy el país está aislado. Además de pesar otro «detalle»: la demora de Lavagna hace correr un «taxi» de intereses que se les reconocen a los acreedores con tasas que corresponden a 2001, cuando el «riesgo-país» de la Argentina predefault trepaba por las nubes.

Van der Kooy, Eduardo («Clarín»): PRESCINDIBLE.

Este columnista lució ayer más desganado que nunca. Arrastró los pies en una larga explicación sobre el aumento de salarios concedido por Kirchner para reducir el conflicto social durante el fin de año y repitió (como si se tratara de una «cadena nacional») lo que dijeron Verbitsky y Morales Solá: que la relación con Brasil atraviesa un mal momento por los recelos de Kirchner respecto de las pretensiones regionales de Lula da Silva. Van der Kooy comenzó a padecer un problema profesional delicado, que se le plantea desde la «cancha auxiliar» del monopolio («Página/12»): le presenta al lector una versión oficialista de la actualidad que vale más la pena leer en Verbitsky, que en su embanderamiento es más sincero y apasionado.

Dejá tu comentario

Te puede interesar