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Su columna incluye poco análisis de la cumbre de presidentes de Córdoba ( preferimos el nuestro de Tapa de esta edición «El mercadeo...») y desarrolla la anécdota conocida: cómo el presidente Néstor Kirchner atoró al dictador cubano Fidel Castro con la entrega de una carta para que se le permita a la médica cubana Hilda Molina visitar en la Argentina a su hijo y dos nietos. «Preferiría que Castro me hubiera fusilado a evitarme ver a mis familiares», incluyó con más énfasis «Clarín» sobre la angustiante situación de una prisionera de la isla, aunque esté en su casa y se le permitan comunicaciones telefónicas, por caso desde la Argentina. Este tema Molina lo desarrollamos más completo en esta edición (ver «Como Kirchner embretó»... en Contratapa).
Refiere también el columnista que Kirchner muy hábil se limitó a llamarlo «presidente de Cuba» para marcar diferencias cuando el cholulismo de presidentes en Córdoba lo llamaban Fidel (el venezolano Hugo Chávez) y otros «comandante», aunque esto lo oyeron otros periodistas y no este columnista. Tan correcto estuvo el mandatario argentino en este episodio que hasta un acérrimo como Morales Solá debe reconocérselo.
Lo demás del columnista -las tres cuartas partes de la columna dominical- lo dedica al «chivo» Botnia, el caso de la papelera finlandesa a instalarse en Fray Bentos que pone plata en la prensa argentina -y no se sabe si Uruguay también- para crear opinión pública local favorable a que se les permita funcionar aunque contaminarán la salud de uruguayos y de argentinos en Gualeguaychú. Inclusive el periodista altera una realidad porque Néstor Kirchner no aceptó el diálogo que antes negaba y ahora necesita el mandatario uruguayo Tabaré Vázquez. Lo desarrollamos mejor en la nota de Tapa («El mercadeo...») Es comprensible que Vázquez quiera el diálogo con la Argentina porque el fallo aparentemente beneficioso a Uruguay de la Corte de La Haya al rechazar la cautelar para detener las obras le impuso al gobierno uruguayo -en definitiva a Tabaré Vázquez- toda la responsabilidad para disponer que siga la construcción pero también su culpabilidad futura si la producción de celulosa termina contaminando como efectivamente sucederá porque, si no existiera tal certeza, Uruguay hubiera aceptado la propuesta argentina de un tribunal imparcial internacional de expertos que calculara el mal futuro. Por eso Vázquez quiere de mínima que la Argentina no insista con La Haya para alejarse de esa responsabilidad impuesta y de máxima que la Argentina dé por lo menos un guiño favorable a la construcción de las plantas para que no proteste en el futuro con todo el derecho del hecho consumado de afectar el medio ambiente y la salud humana.
La prensa libre ha sido tan acosada por este gobierno (en publicidad oficial a unos no se la dan, como a «Noticias» y a otros como el diario «La Nación» le adjudican menos que al ingravitante diario oficialista «Página/12») que es comprensible, aunque no justificable, que acepten ser defensores de causas tan discutibles para poder subsistir.
VAN DER KOOY, EDUARDO. « Clarín».
Esta semana le redujeron el espacio y no es cabeza de página su columna. Aporta poco y de lo sabido el desplante de Kirchner a Fidel Castro. La novedad de «Clarín» el domingo es que la principal columna se la dan al inefable Raúl Cardoso un antinorteamericano tan enfermizo que se hace informar en qué película aparece la bandera de Estados Unidos para no ir a verla porque hasta se persigna y pone los dedos en cruz como si fuera Drácula frente al paño rojo y azul con las estrellas. Cardoso junto a Daniel Muchnik, ambos del monopolio, en toda reunión de periodistas donde se encuesta en broma encabezan la lista de los que más escriben y menos dicen. Cardoso no se apiadó de Estados Unidos ni con el atentado de las Torres Gemelas. Su columna de este domingo es un panegírico del dictador Fidel Castro (ni se apiada de los colegas periodistas presos en Cuba). Hasta comete falsedades: de todas las veces que vino Fidel Castro a la Argentina -inclusive la primera vez, en 1960, cuando llevaba un año de gestión en la isla y presidía la Argentina Arturo Frondizi- ésta fue la que peor le salió. Incluyendo los piqueteros propios que tiene aquí pagos Hugo Chávez (la venta de piqueteros ha pasado a ser un negocio corriente en nuestro país y ya son muchos los que tienen «fuerza de choque propia» con estos encapuchados) habló sólo ante 24.000 personas, para colmo en su mayoría traídas a Córdoba desde Capital Federal y Gran Buenos Aires.
Pero para Cardoso, Castro «cambió la dimensión del encuentro de Córdoba». Menciona un presunto documento de Estados Unidos para acelerar la caída de Castro con acciones de presión a militares cubanos. Poco creíble. Desde un escritorio este columnista viaja todos los días por el mundo y se introduce en los más inverosímiles temas, guerra en Oriente, tsunami en Indonesia, crisis monetarias, elecciones en Perú. Hace afirmaciones como que Hizbollah no es una organización, critica a Israel. Y además siempre pierde Estados Unidos, obvio. Poco serio.
GRONDONA, MARIANO. «La Nación».
Como siempre brinda la columna más pensante. Usa la cumbre de Córdoba para el nuevo enfoque de la política moderna que tardó mucho tiempo en reconocer: la alternancia de centroderecha y centroizquierda en el poder en los países. Dejó de creer que la Argentina era e iba a seguir siendo peronismo y antiperonismo en décadas pasadas o radicales y peronistas en años recientes. Adjudica tres formas discutibles de gobiernos en Latinoamérica.Las democracias que serían bilateralesentre dos partidos turnándose; los totalitarismos tipo Fidel Castro de partido único y las dictaduras que surgen desde la democracia.O sea la «dictadura constitucional» de la que hablaba Friedrich. Hugo Chávez vive agitando en su mano un texto de la Constitución de Venezuela, su mandato viene de elecciones, convocó a comicios aunque no se presentó pero voluntariamente la oposición porque hay más factores en juego que los que Grondona menciona. Por ejemplo, cuando inesperadamente llega dinero a un país (precio del petróleo, surgimiento de los países asiáticos y su demanda internacional de materias primas, acumulamiento de reservas durante una guerra, como las cuantiosas reservas que heredó Juan Perón en 1946 al terminar un año antes la Segunda Guerra Mundial), en los países democráticos y serios se invierte para crecer. En los subdesarrollados se gasta en distribuir. En estos casos de riqueza brusca para repartir el dictador como Chávez mantiene la Constitución porque con dinero le resulta fácil ganar elecciones y aun cuando la prensa lo critique, como en Venezuela. La Cuba de Castro nunca tuvo esas riquezas esporádicas y llegó ganando batallas de ahí que su dictadura sea total. Toma con proximidad Grondona estos temas pero aún le falta profundidad. No es que la « izquierda peronista» rodee a Néstor Kirchner. La verdadera izquierda, la que quiere la «dictadura del proletariado», no está con él. Y quienes lo rodean no son « peronistas» salvo por invocación beneficiosa política. Lo rodea el progresismo oscilante entre Marx, el bienestar de las democracias y el goce del gobierno y los dineros públicos.
VERBITSKY, HORACIO. «Página/ 12».
El columnista ofrece a sus lectores, como siempre, la versión canónica de los hechos -en este caso la cumbre cordobesa- en clave oficialista. Aporta poco en datos pero arriesga una versión hasta ahora desconocida: dice Verbitsky que Uruguay admitiría la presencia de un catedrático argentino en una comisión que examine la calidad ambiental de las papeleras de Fray Bentos. Casi una quimera, que ya se ensayó, con resultado previsible: los universitarios argentinos jamás dirán que esas plantas no contaminan, a diferencia de lo que sucedería con los uruguayos. La ciencia se tiñe de interés en este caso, obviamente.
El resto de la nota de Verbitsky es un reciclado de información que ya se conoció, sólo aderezada por una retórica tendenciosa a favor del gobierno.
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