Comentarios políticos de este fin de semana
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Gendarmería y Prefectura resisten pago de deudas con obra social militar
George W. Bush e «Isabel» Perón.
«La Nación».
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
Resume Van der Kooy en su columna las razones por las que Bush visitará algunos de los países latinoamericanos en su próxima gira, todas ante riesgos políticos puntuales que Washington ve como posibles catástrofes. Aunque una visita de Bush a la región se haya vuelto ahora de importancia relativa -frente al desgaste que tuvo su guerra contra el terrorismo entre los electores norteamericanos y a dos años de alejarse el poder-, no deja de mencionar el columnista que Brasil y Uruguay siguen siendo destinos estratégicos para la Casa Blanca, por encima de la Argentina.
De todas formas, se sabe que el país sigue siendo un soldado de Washington en los temas clave. No se puede criticar que Kirchner no quiera una foto con el texano en un año electoral ni tampoco la realidad de que Bush se haya acordado demasiado tarde del poco espacio que le dio a Latinoamérica en su agenda. El error es hablar de una variación en la relación entre ambos países cuando todo ya se vuelve anecdótico. Más importante parece que los visitantes se hayan marchado con una idea más clara de la influencia de Hugo Chávez en el país o que como contraparte, como cita el columnista de «Clarín», el Tesoro no «moleste» en las negociaciones con el Club de París.
Ese equilibrio por el que pasan hoy las relaciones con EE.UU. tiene diferentes estados de ánimo, pero una línea general. Como el episodio de la prohibición al fondo Eaton Park de hacerse de una parte de la trasportadora Transener. No es novedad, tampoco, que Kirchner aproveche esas oportunidades para afianzar el rostro popular de sus críticas al Hemisferio Norte, que no se ven reflejadas en el George W. Bush «Isabel» Perón resto de la relación. Para la crónica queda el alarde de los ministros Fernández en la cena que mantuvieron con el secretario de Justicia de EE.UU., Alberto Gonzales, con su cuestionamiento a la violación del Tratado de Ginebra por las torturas en Guantánamo y Abu Ghraib. Por ahora, ni Tony Blair consiguió torcer el brazo de Washington en ese punto. No se aportan novedades en torno a la visita de Cristina Kirchner a Francia. Que la reticencia de la primera dama a relacionarse con la prensa es un problema es algo remanido, como que a Néstor Kirchner le falta tiempo aún para tomar la decisión definitiva. «Clarín», mientras tanto, ya comienza a confirmarle ministros al gabinete de Cristina, como lo hizo ayer con el jefe de Gabinete.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».
Como siempre, movido por el rencor, revisa la historia reciente con un solo ojo para « revelar» un supuesto pacto entre Alfonsín e «Isabel» Perón, a principios del gobierno del primero. Desempolva una ley votada en el Congreso -la 23.062- que eximió expresamente a «Isabel» y a los ministros de su gobierno ( también a los legisladores) de ser enjuiciados por hechos previos al golpe militar de marzo del 76.
Puede sospecharse en Verbitsky la posición del gobierno frente a la ex presidenta y al tema triple A, causa que la Casa Rosada reactivó para sacar de la tapa el papelón del caso Gerez. Quizás una revisión de sintonías pasadas: se conoce sobradamente la defensa que una joven Cristina Fernández, militante en el PJ de Santa Cruz, a principios de los 80, hacía de «Isabelita».
Sería interesante saber qué piensa, ahora, la senadora de Martínez de Perón.
La de Verbitsky es, claro, de una visión parcial y antojadiza del periodista y asesor presidencial para tratar de enlodar también a Alfonsín, artesano de la candidatura de Roberto Lavagna, candidato al cual -a veces inexplicablemente- le teme el gobierno.
Sobre la ley, Verbitsky posa una mirada carente de todo contexto histórico, anacrónica, al punto que se mueve al límite al debilitar el argumento que podría eventualmente justificar a Alfonsín, de que el radical lo hacía ante el riesgo de una asonada militar.
Para defender su tesis de «pacto» «Isabel»Alfonsín, Verbitsky se aproxima peligrosamente a desconocer el peligro que por esos días suponían las Fuerzas Armadas para el naciente y frágil gobierno de Alfonsín. Al tal punto se desentiende del escenario de época que no menciona nunca que, por entonces, era inconcebible, impensable, iniciar un juicio contra Lúder o la ex presidenta, que no hacía muchos meses había recuperado la libertad después de largos años de prisión en Neuquén.
Cerril, enceguecido, Verbitsky ignora esos elementos para sostener su objetivo -¿que comparte el gobierno más allá de la distracción mediática?- de demonizar a «Isabel». Arrastra, eso sí, una antigua rivalidad e inquina histórica, por el enfrentamiento entre Montoneros y la ex presidenta.
En rigor, el malestar de Verbitsky con aquella ley refería, además, a que, en su momento, ese beneficio no se extendió a los jerarcas de Montoneros, agrupación que él integró.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
No fue feliz su columna de sobre el escándalo en el INDEC. Después de una larga y monótona introducción donde cita a Maquiavelo para hablar de los políticos y su apego a las apariencias, llega a los cambios en el organismo.
Grondona concluye que el fraude en los índices económicos es posible si la gente acepta ser engañada por un tiempo, como ocurrió con la convertibilidad. La conclusión es acertada, pero el artículo demasiadoextenso, para aportar tan poco.
Del INDEC hoy lo que interesa es la información concreta sobre cómo se llevó adelante el cambio de método y lo que pasa adentro del organismo con los empleados que se resisten a esta intervención.
Las enseñanzas morales que deja el fraude ya fueron agotadas por innumerables editoriales, notas de opinión y declaraciones de la oposición.
Tal vez Grondona hubiera encontrado mejor inspiración en los argumentos oficiales tan cercanos al grotesco, como los de Alberto Fernández, que dice que es imposible alterar los índices y culpa del escándalo a maniobras mediáticas. Ni qué hablar si hubiera hecho referencia a que el Presidente culpó de la caída de los bonos a un fondo de inversión y no a los cambios en el INDEC.
Por eso la sensación que le queda al lector es que un gran tema se transformó en un ensayo filosófico.




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