11 de junio 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Cristina Kirchner y Jorge Telerman.
Cristina Kirchner y Jorge Telerman.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


No cree mucho, como es sabido, este columnista en la neutralidad del periodista. Por eso dedica la entrega de ayer a proyectar sobre los lectores su rabieta por el triunfo de Mauricio Macri en la primera vuelta, y su pesadumbre para lo que cree logrará repetir en la segunda. «No es algo agradable», masculla en una línea imperdible de su artículo, sólo superable por la caracterización irónica de la audacia de Jorge Telerman como candidato: dice que tiene «un nivel de oportunina en sangre muy superior a la media del vecindario» que terminó traicionándolo.

Tan fastidiado -y confundidoha quedado con ese resultado, que llega a conclusiones que podrían redundar en elogios a Macri, como cuando dice que reprodujo una coalición de clases entre sectores altos, medios y bajos del distrito Capital que no logró ni Carlos Menem en la década pasada.

La ofuscación lo lleva a imaginar, por ejemplo, que si Telerman hubiera elegido a Gabriela Cerruti como vice, habría entrado al ballottage, que la amenaza más grave que se cierne sobre la Ciudad es que Horacio Rodríguez Larreta es «el hombre fuerte» del macrismo, o que la candidatura de Macri tuvo el apoyo de «poderosos medios de comunicación». Bueno sería que se enterase Macri (y Rodríguez Larreta) de estas novedades que le acerca Verbitsky.

El resto es inquina: castigar a Telerman por narcisista y oportunista, como si la política pudiera prescindir de ésta y otras viscosidades de la conducta humana; equivale a decirle «pelado» al jefe de Gobierno. O que Ibarra guarda rencor por su destitución como jefe de Gobierno. ¿Qué consuelo le recomendaría al legislador electo en las listas del kirchnerismo, facción a la que el columnista defiende hasta en lo indefendible?

La columna incluye una minuta con los instrumentos de ataque que debe usar Filmus en su campaña para las dos semanas que le quedan antes de la elección, con lo cual le brinda al lector un anuncio de lo que se verá en las próximas horas: Macri ama a Daniel Scioli y a Felipe Solá y si gana se abrazará a ellos; la lista de legisladores que ganó el domingo 3 es una «runfla» (como si fuera la única que compitió); que Macri hizo negocios en Misiones con Ramón Puerta, que ahora trata de juntar al peronismo no kirchnerista. Todo, además, para que lo use el Presidente si decide esta semana seguir haciendo proselitismo pro Filmus. Algo que duda el oficialismo de hacer para no empeorar el resultado del 24.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Más mordaz que el resto de los críticos del gobierno que escriben en domingo, Morales Solá dice llanamente que los movimientos de campaña de Néstor Kirchner le preparan otro revés electoral a su candidato peor que el del 3 de junio. Airado, Kirchner no ve, según él, que pierde justo cuando necesitaría aumentarlo con vistas al 28 de octubre.

Por esa razón, mandó un negociador ante Telerman para pactar un enjuague olvidando lo inolvidable de la campaña sucia.

Drástico en la profecía, cree que Macri ganará la Jefatura del Gobierno porteño por más de 30 puntos, porque se le sumará a este candidato el resto de los críticos del gobierno que optaron en primera vuelta por Telerman.

Morales Solá escribió mucho ya durante la semana sobre el resultado de la elección que pasó y no aporta más datos; hasta las especulaciones son conocidas. Como las que despliega sobre los proyectos presidenciales que enfrentan a Ricardo López Murphy con Roberto Lavagna. El primero cree en la idea de que haya muchos candidatos que esmerilen la chance de un triunfo de algún Kirchner en primera vuelta; el segundo, en que hay que sindicar a toda la oposición detrás de un solo hombre (él, claro), con el mismo objetivo.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Le usurpa Grondona con ingenio a Néstor Kirchner la metáfora de la confrontación de los dos modelos en el ballottage del 24 de junio. Pero la transcribe para su propio instrumento: no será entre el modelo K y los 90, como pretende el Presidente, sino entre una democracia autoritaria ( Kirchner) y una revolución republicana que viene sugerida por el triunfo en primera vuelta de la opinión pública de la Capital, con Mauricio Macri.

Niega que el kirchnerismo suponga un nuevo modelo económico; más bien cree que es una prolongación del «capitalismo de amigos» de la década menemista, con muchos pobres, mucha corrupción, pero salpimentada por el contexto internacional favorableque beneficia al país como nunca en su historia.

Esa revolución de la opinión pública la cree detectar Grondona en Neuquén, Salta, Córdoba y San Luis, en donde aparecerían nuevos dirigentes al amparo de las restricciones a la reelección. Algo difícil de probar si en Neuquén vuelve a gobernar un Sapag, si Juan Carlos Romero termina de imponer como sucesor a su vicegobernador Walter Wayar, José Manuel de la Sota a Juan Schiaretti o Alberto Rodríguez Saá logra otro mandato. Los críticos de esos gobernadores no tienen argumentos para caracterizarlos como personalistas autoritarios, pero también es cierto que logran, al final de sus mandatos, una suave continuidad de gestión a través de sus delfines.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Insiste el columnista del monopolio en el retrato en negro del Presidente. Lo acusa de sostener a Daniel Filmus en carrera con un discurso que va «mechando alguna verdad entre un montón de falacias». Decirle mentiroso al Presidente sería más claro, pero, claro, atrevido.

Encima lo ve como dueño de «enojos que molestan», un «ladrador» que no ha entendido el resultado electoral del domingo 3 de junio.

El ballottage lo cree Van Der Kooy irremontable, porque adhiere a la percepción de los encuestadores que creen que bajará la cantidad de votantes en la segunda vuelta. No ocurrió así cuando se enfrentaron en 2003 Aníbal Ibarra y Mauricio Macri; aumentó en casi un punto el porcentual de asistencia en la segunda votación. Se pliega también a la idea de los estrategas que creen que 50% de los sufragantes de Jorge Telerman se lo lleva en este segundo- round el candidato del PRO.

Como otros columnistas de ayer, consigna que hubo una oferta del gobierno nacional a Telerman de sumarse a la campaña de Filmus extendiendo un perdón a los agravios mutuos. Esa cita en un bar de la Capital no fue entre personajes con potestades negociadoras; se trató, en todo caso, de un mensaje que rebotó rápido en los umbrales del despacho del jefe de Gobierno. «¿Qué acuerdo vamos a hacer con quienes me han querido meter preso?», se lamenta ante esta noticia uno de los funcionarios de Telerman que fue empapelado por el kirchnerismo durante la campaña. Es notable, sin embargo, el énfasis que la Casa Rosada le ha dado a esta nonata negociación en el afán de hacerle creer al público que Filmus podía sumar alguna porción significativa de votos a su segunda oportunidad en las urnas.

No tiene en cuenta esta intención que uno de los factores de Telerman pudo ser su alianza con Elisa Carrió, que corrió votos no hacia Filmus, sino hacia Macri. ¿Qué podría ofrecer Telerman en esta segunda vuelta, cuando su propio candidato a vice, Enrique Olivera, también mira ahora como todos los radicales porteños hacia el presidente de Boca?

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