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6 de agosto 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Cristina F. de Kirchner y Néstor Kirchner
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


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No se puede decir que Cristina de Kirchner no hable. Es más bien enfática y expansiva cuando quiere expresarse (el Congreso, algún discurso de campaña). Lo que la caracteriza es la elección que hace de los interlocutores. Tiene pasión por los periodistas no nacionales que, por mandato o distancia respecto de los temas argentinos, no le repreguntan cuando dice enormidades, como que «a los argentinos nos habían engañado en los 90» (cabría repreguntarle si ella se sentía engañada al votarle reelecciones a Carlos Menem y a su marido o al votar privatizaciones). Lanza su candidatura prometiendo calidad institucional cuando el récord legislativo de los últimos años la consagró como una campeona de las reformas que deterioraron las marcas republicanas de la Argentina (manipulación de la nueva Corte, reducción de la oposición en el Consejo de la Magistratura, relajamiento de los sistemas de control de los decretos que firma su esposo, etc.), algo de lo cual no le preguntan en la CNN ni en el diario «El País».

Por eso interesa el lento acercamiento que hace en estas horas a la prensa criolla. El viernes invitó a la residencia de Olivos al periodista Morales Solá (a quien su marido suele insultar en discursos) para entregarse a un diálogo que la columna de ayer reproduce textualmente. Como la nota no respeta las convenciones del género del reportaje, es difícil saber si las expresiones de la senadora surgen de una charla con repreguntas, algo importante porque la superficialidad de las respuestas no deberían atribuirse -dada la categoría de este profesional- a la superficialidad de los interrogantes. Pero sorprende la pobreza de los dichos de la senadora, que reproducimos para que el lector los juzgue:   

  • «La Argentina tiene que volver a estar en el mundo (...) Cuando había que resolver el hambre de muchos argentinos, la política exterior pasó a segundo plano y debimos vivir un poco encerrados. Eso ya pasó», desliza.

  • Una falacia, porque puede discutirse que con una política exterior más abierta el país habría podido apurar la salida de muchos argentinos de la miseria y de la indigencia. Sin apertura comercial y con acceso a los mercados, la salida de la crisis pudo ser más acelerada, como ocurrió en otros procesos parecidos al que pasó la Argentina.   

  • «No concibo la política exterior sólo como un entramado político y social. Tenemos que aprender de los grandes países. Sus embajadores son también los embajadores de sus economías, de sus empresas y de sus intereses comerciales, sin descuidar, desde ya, las grandes cuestiones políticas.»   

  • «México es, junto con la Argentina, el país con más identidad cultural de América latina (...) México quiere volver a encontrarse con América latina y nosotros tenemos que recibirlo con los brazos abiertos.»   

  • «Es un muro simbólico entre los Estados Unidos y América latina, y eso no está bien en un mundo globalizado.»

    El muro que construye Estados Unidos en la frontera con los EE.UU. no es nada simbólico para los mexicanos ni los estadounidenses.   

  • «Hay sectores agropecuarios de México que se resisten a un acuerdo comercial con la Argentina, porque sus productos competirían con los locales. Hagamos entonces acuerdos sobre metalmecánica y no sobre venta de trigo. México nos espera y nosotros lo esperamos.»   

  • «Dije en Europa que ellos conviven con Putin, pero a éste se lo acusa de haber matado a una periodista y a un disidente. Chávez no ha hecho eso. Y dije que Chávez era tan necesario para la matriz energética de América latina como Putin lo es para la de Europa. Ha sido elegido democráticamente, pero no le hace bien su gestualidad para la mirada internacional de la democracia venezolana. Es un socialismo que compra empresas a valor de mercado, paga puntualmente sus deudas y respeta todos los compromisos energéticos con los Estados Unidos. La palabra socialismo es un poco extraña en esas condiciones, como es extraño el doble discurso de muchos empresarios: critican a Chávez mientras hacen buenos negocios con él. En fin, nada es tan terminante como parece. Hay demasiado militarismo en el gobierno de Venezuela. Y no es bueno meter a los militares en un sistema de partidos o en corrientes ideológicas. Ellos están para otra cosa.»

    Este comentario es un lugar común del oficialismo: en privado los funcionarios critican a Chávez, pero en público le toleran todo porque lo viven como una necesidad. El acierto sería poner al país en un rumbo que no lo condenase al yugo de un país que le presta dinero a una tasa altísima.   

  • «Hay que abandonar el terreno de la discordia entre el campo y la industria, o entre el mercado interno y el externo. Todo es importante. ¿Por qué vamos a despreciar nuestro campo, el más competitivo del mundo con un crecimiento que asombra? ¿Por qué vamos a descuidar la industria, donde hemos hecho progresos importantes y que sirve para dar mano de obra intensiva a muchos argentinos? La diversificación de la economía nos permite, además, estar a salvo de los vaivenes económicos internacionales.»   

  • «La Universidad no sólo debe impulsar la enseñanza, sino también la investigación y el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Ningún país de América latina está tan bien preparado como el nuestro para hacer eso. El crecimiento de nuestra economía necesita también de investigación y desarrollo, ya sea para aplicarlos al campo o a la industria.» . «Yo propongo un acuerdo que no se encierre sólo en precios y salarios, sino en una política de Estado sobre la economía que queremos. Un país capitalista con acento en las exportaciones y en la «marca Argentina» instalada en el mundo. Un país con el necesario equilibrio social también. Sobre eso deberíamos buscar un acuerdo entre empresarios, sindicatos y el Estado. Nunca eliminaremos el conflicto definitivamente, pero habrá una contención al menos.»   

  • «El Estado es el Parlamento también y es ése el ámbito del debate con la oposición. Las alternativas deben surgir del Parlamento. ¿Acaso no fue así con Chacho Alvarez y con Graciela Fernández Meijide en los años 90? Entonces la mayoría parlamentaria era más compacta que ahora. Yo la viví. Creo que la oposición carece ahora de un serio discurso alternativo más que de condiciones.»

    Limitar las relaciones con la oposición al Congreso (no el Parlamento, como dice la senadora; la Argentina no tiene sistema parlamentario) es otro signo de democracia de baja intensidad. Si el oficialismo arma candidaturas a dedo como la de la propia reporteada, o las listas de senadores y diputados hasta de partidos ajenos, es poco fértil cualquier diálogo en el Congreso. Nunca Alfonsín, Menem ni De la Rúa manipularon listas de partidos opositores como hace este gobierno con las concertaciones, borocoteadas y los transversalismos.   

  • «Tras épocas de gran crecimiento económico siempre surge un nuevo sistema de partidos. El peronismo no se podría explicar sin el enorme crecimiento económico de la guerra y la posguerra, de los años que van de 1941 a 1946. Ninguno de los partidos sobrevivirá ahora tal como los hemos conocido antes de la crisis. El peronismo, tampoco.»

    Será bueno revisar la biblioteca de la senadorapara saber de dónde saca estas extravagancias historiográficas y estas profecías.   

  • «El viejo sistema de partidos ha terminado.»

    Néstor Kirchner interviene para agregar:   

  • «Nos estamos yendo todos los que fuimos protagonistas de la crisis del año 2001. Ocho años es demasiado tiempo y mucho desgaste cuando se administró una crisis muy profunda. Ocho años de gobierno es para países normales en tiempos normales. No es el caso de la Argentina, que me tocó gobernar a mí.»

    La columna reproduce una viñeta conyugal de las mañanas de Olivos.

    Cristina Fernández: «La gente sensata no juega al fútbol en días de lluvia».

    Néstor Kirchner: «¿Quién te dijo que somos sensatos? Somos chambones, pero nos divertimos mucho».

    GRONDONA, MARIANO.
    «La Nación».


    En la columna de ayer, el profesor se limita a colorear un dibujo ajeno. Piensa en Chávez y Kirchner, se acuerda de Bolívar y San Martín e imagina a los héroes de la política de hoy recorriendo la galería de la historia. Bolívar, es decir Chávez, era un autoritario; San Martín, un antipersonalista, pero Néstor Kirchner no quiere asumir ese legado porque busca parecerse a Chávez.

    ¿Y qué? puede preguntarse el lector.

    VAN DER KOOY, EDUARDO.
    « Clarín».


    La entrega está dedicada a la confección del retrato de un Néstor Kirchner «en el atardecer» de su gestión, disminuido, resignado, entregado a bajar banderas. El rabioso que fue, según las pinceladas de Van der Kooy, que por momentos tienen algún tono de perversidad, se doblega y busca puentes de entendimiento con viejos adversarios y trata de recomponer las relaciones de la Argentina con el mundo que él mismo arruinó antes.

    Acepta las visitas contaminantes de Hugo Chávez porque trae el único dinero disponible hoy para una Argentina en un mundo con tumultos financieros. También busca la amistad de un México al que desairó dos veces: antes con Vicente Fox, después contrariando durante la campaña al ganador, Felipe Calderón, que lo recibió la semana que pasó.

    Tan poca fuerza tiene este Kirchner que, pese a los anuncios ambiguos hechos en México, debe sostener por presión de Hugo Moyano la polémica doble indemnización por despidos (en rigor, indemnización y media, pero no para nuevos proyectos de inversión).

    En esa pendiente, Néstor aparece filtrando todas las decisiones a través de su esposa, cual santacruceño Trifón. Le cede la invitación que le hizo el Council of the Americas para hablar en setiembre próximo en Nueva York.

    Para colmo, Santa Cruz se le desmorona políticamente con las trifulcas de los comprovincianos, a quienes les confió su legado local. Además, esos conflictos ponen la semilla de una nueva alianza de sus adversarios y algunos desairados por el presidente, como Sergio Acevedo, Ricardo Falú o Arturo Lafalla, que se quedaron sin destino con el kirchnerismo al que apoyaron en los comienzos del actual gobierno.

    Hoy hasta peligra la continuidad del peronismo en esa provincia que parecía asegurada llave en mano para el matrimonio presidencial.

    Como consuelo, imagina el columnista una misión para el Kirchner retirado, crear una nueva fuerza política o disputar la presidencia del PJ nacional. Entretenimiento de la tercera edad frente a lo que ha sido y lo que pudo ser.

    WAINFELD, MARIO.
    «Página/12».


    Con buena llegada al oficialismo, este columnista vaticina que el oficialismo le dará sanción final en el Congreso el próximo 15 de agosto a la derogación del art. 7° de la llamada ley Cafiero, para dejar liberada a la Capital Federal para tener una fuerza policial propia. Lo que no hará es darle a la Ciudad los fondos para pagarla, con lo cual pondrá a Mauricio Macri -jefe de Gobierno electo- en el dilema de o redoblar la queja ante la Nación o mirar hacia adelante, festejar que se hizo todo lo posible y pensar en otra cosa.

    Es acertada la mirada de Wainfeld sobre un punto poco analizado en la prensa o por los políticos hoy: ¿es oportuno que Macri pelee con tanto énfasis por tener una policía propia? ¿Le conviene en un país donde ningún gobierno que haya manejado la Policía en grandes ciudades ha podido reducir la inseguridad? El caso de De la Rúa prueba, recuerda Wainfeld, que un intendente de la Capital puede tener éxito de gestión y éxito político personal sin tener la Policía. Tanto que le facilitó la llegada a la presidencia de la Nación.

    El macrismo repite con una facilidad de sospechosa irracionalidad que es necesario para su gobierno tener la Policía. No ha explicado cómo podría crear en la Argentina una isla de seguridad rodeada por el peligrosísimo y degradado conurbano bonaerense, con qué ideas, con qué métodos, con qué recursos, con qué objetivos.

    En las cercanías de Mauricio Macri, a Diego Guelar, que además es responsable de las relaciones internacionales, se le han escuchado críticas a este énfasis policíaco del macrismo. Lo hace en estos términos: ¿le conviene a Macri, de la noche a la mañana, asumir con policía propia la contención y aun la represión de todas las protestas sociales en la sede exclusiva para todo el país de esas protestas, que es la Capital Federal?

    (Horacio Verbitsky, columnista estrella de «Página/12», se distrajo al parecer durante el último año leyendo el libro con el diario personal de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges. Dedica la columna a reproducir las frases contenidas a lo largo de 1.600 páginas que demuestran que esos dos escritores eran... antiperonistas.)
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