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Como otros columnistas de domingo en las entregas de ayer, Morales Solá le toma -a falta de otras constancias más solventes de lo que pueda ocurrir el 28 de octubre- la presión a la campaña. Concluye, como su colega Eduardo van der Kooy, que a los Kirchner les ha sobrevenido un ataque de moderación. Sobre el Presidente, dice Morales Solá, quizá con el ánimo de provocarlo, que parece aprender del estilo manso y tranquilo de Daniel Scioli de mediar con el público. Ya le van a responder a los dos desde el gobierno.
Lo demás es acariciar la información: que Kirchner temió al desafío de un nuevo mandato, que lamenta que Roberto Lavagna no quisiera ser su candidato a jefe de Gobierno en la Capital (le hubiera ganado, imagina, a Mauricio Macri), que a los Rodríguez Saá los respeta mientras se mantengan en su feudo sanluiseño, que Carrió no es de temer porque cada tanto derrapa, etcétera.
Todo inspirado por frases que se escucharían en el entorno presidencial y cuya veracidad prueban otros testimonios periodísticos conocidos antes.
¿Qué buscaría este giro en el estilo presidencial? Compadecer la suerte de su candidata con la demanda del público, que pide menos exasperación, más tino, menos alarido, y que se sorprende por la manía presidencial por la rabieta pública.
Para revisar este dato: no es la primera vez que el PJ está ausente en una elección nacional. Ya ocurrió en 2003, cuando el peronismo fue a urnas con tres candidatos. En esa oportunidad, el PJ fue en alianza con partidos provinciales detrás de Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem, quien ganó en los votos esa elección. La UCR sí fue a las urnas en 2003 con la lista 3 y llevó la fórmula a presidente Moreau-Losada, que sacó 2,34% de los votos, que es como si no hubiera participado.
VERBITSKY, HORACIO. «Página/12».
Con una piedad digna de mejor causa, el columnista se dedica a mortificar a la Iglesia de los católicos, a la que considera comprometida por las atrocidades cometidas por el ex capellán provincial Christian von Wernich durante la represión clandestina de las guerrillas hace 30 años. Acumula argumentos desopilantes -como testimonios del ex general Reinaldo Bignone o del ex marino Adolfo Scilingo- para construir la idea de una iglesia entregada a la represión.
Como la prédica pastoral de Verbitsky es una vox clamantis in deserto -el columnista usa latinajos en su prosa, quizás embebido de tanta historia sagrada-, asume alegremente intenciones de difícil cumplimiento.
Le gustaría quizás un arrepentimientostalinista de obispos, monjas, curas y hasta el Papa pidiendo perdón por todo lo que a Verbitsky no le gusta de la Iglesia de Roma, no sólo Von Wernich y Jorge Bergoglio, sino también por el celibato sacerdotal, el sacramento del matrimonio, el rechazo del aborto o porque las mujeres no puedan dar misa.
Quizá debiera este columnista verter tanta pasión religiosa que muestra en sus páginas en un emprendimiento suyo y crear una iglesia propia. No se la autorizaría Roma -que no extiende franquicias-, pero sí otras organizaciones del cristianismo reformado, que consideran que cada pastor es una iglesia. Podría así atraer a esa nueva confesión a los católicos que él dice comparten sus ideas y reconciliarse Verbitsky definitivamente con su visión trascendente de la vida. Que es lo único que puede justificar -ocurre en muchos conversos- la obsesión eclesial a la que ha dedicado la última etapa de su biografía.
GRONDONA, MARIANO. «La Nación».
La columna de ayer parece una parodia de una columna de Mariano Grondona. Elige la vieja fábula de la cigarra para recordar que en la vida es mejor ahorrar para los tiempos malos de mañana antes que gastarse todo. Intenta una adaptación a la Argentina ironizando con que el país ha acumulado tanto que se deja atraer por el llamado del gobierno a consumir. Debió profundizar el fabulista un poco más cuando dice que hay comercios que ofrecen rebajas de 5% y cuotas sin interés con tarjeta de crédito. En realidad, el comercio minorista está aplicando hoy aumentos de precios -que trata sin ingenio alguno de reprimir el gobierno- y unos intereses de usura sobre el público que necesita financiar sus compras.
VAN DER KOOY, EDUARDO. « Clarín».
También este analista le toma la presióna la campaña y concluye en que Cristinade Kirchner ha elegido la moderación. La percepción que tiene la candidata de que puede ganar las elecciones la llevaría, según este columnista, a admitir lo que su esposo presidente ha negado siempre: que la crisis energética es un problema, que la inflación es una perturbación central para cualquier proyecto de crecimiento y que es mejor que Hugo Moyano siga al frente de la CGT para que el debut de su eventual gobierno no se haga en medio de otro conflicto por la suba de salarios.
El dato más importante, si se confirma, claro, es que Juan Schiaretti «se pondrá a la cabeza de la campaña de Cristina», mientras que José Manuel de la Sota se entregará en el futuro a una reconstrucción del PJ junto a los Rodríguez Saá.
Sería bueno que se entere de esto Alberto Fernández, quien dedicó el fin de semana a publicitar urbi et orbi su cita del viernes con el juecista intendente electo de Córdoba Daniel Giacomino.
Van der Kooy preconstituye en su columna un escenario de puja al final de la campaña entre la esposa del Presidente y Elisa Carrió, a quien también diagnostica un ataque de moderación. La atribuye a la cercanía de dos mansos como Rubén Giustiniani y Alfonso Prat-Gay.
Con tanta mesura en los protagonistas, el columnista remata con la idea de que esta campaña es monótona y aburrida.
Le faltó decir que es lo que quiere el gobierno, que no se note la elección, que vote poca gente para que suban las posibilidades de que la candidata oficial saque el piso de 40% que la exima de una odiosa e incierta segunda vuelta electoral.
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