Néstor Kirchner viajará esta noche rumbo a Londres, donde participará de la cumbre de la tercera vía junto con el primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, y sus colegas de Brasil, Lula Da Silva, y de Chile, Ricardo Lagos. El Presidente -que luego visitará España, Francia y Bélgica-ya ha lanzado señales de que buscará diferenciarse de Lula en sus reuniones con Blair, José María Aznar y Jacques Chirac: cree que debe mostrarse más duro que el brasileño frente a los Estados Unidos y los acreedores externos. Además, buscará en lo posible evitar contactos con empresarios con intereses en el país.
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Lo primero -la crítica a Lula Da Silva por su paso por Washington de donde regresó como definitivamente el interlocutor de los Estados Unidos en la región y haciendo gestos impensados de amistad hacia George W. Bush - lo adelantó en charlas con su entono íntimo como un proyecto firme de darle el carácter más áspero a la relación con los acreedores. Quienes conocen al Presidente han detectado que en este punto busca meterles miedo a sus interlocutores para negociar con más libertad. Es un estilo que acuñó como gobernador y que quiere prolongar como otras prácticas en el despacho presidencial. Una de ellas, clásica en mandatarios provinciales llegados a la Rosada es hacerse acercar todas las tardes una hoja de Excel con los datos diarios de recaudación de impuestos, libranzas de Hacienda y cierre de mercados. Distraído, hasta suele preguntar, como cuando estaen Río Gallegos: «¿Cuánto entró de 'copa'?» (por la coparticipación, envíos federales del reparto de impuestos).
El tercer elemento -traerse alguna bandera que le sea útil en su pelea con el mundo-espera encontrarlo en el capítulo que la cumbre de la tercera vía dedicará a la regulación de los servicios públicos. Kirchner sabe que el talón deAquiles de las empresas concesionarias de servicios que le reclaman aumentos de rifas o subsidios es el incumplimiento de muchas cláusulas establecidos en los pliegos en los años '90. Las privatizaciones fueron un sistema nacido en este país en la era Thatcher como una respuesta más que al interés de los privados en invadir el espacio de lo público, al colapso y derrumbamiento del Estado como administrador. La misma Gran Bretaña que funcionó como ejemplo privatizador para todo el mundo ahora asegura desde la tercera vía de Blair que es posible mantener los servicios concedidos pero con nuevos modos de control del cumplimiento de lo pactado. Peter Mandelson (ex ministro de Industria de Blair) es el gerente de la Progressive Governance Conference (congreso de la tercera vía) y ha expuesto en el orden del día del encuentro que se inicia mañana la cuestión de los servicios públicos privatizados en la era del consumidor. «Espero traerme algo nuevo sobre eso para laArgentina», ha dicho Kirchner antes de salir de Buenos Aires. El Presidente visitará cuatro países en seis días enfrentando un clima extraño de recelo y esperanza hacia la Argentina.
Los principales grupos ven que la Argentina se revuelve en doble cocción con argumentos que la aíslan del resto del mundo cuando busca justificar como algo positivo el no pago de la deuda o la ausencia de negociación con los concesionarios de los servicios o, más en lo general, con el mundo de los negocios
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