Como el Proceso y Menem, Cristina dividió gremios
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Carlos Menem
Un rato más tarde, Moyano defendió la «legitimidad» de su proclamación y, como vocero oficioso del gobierno, Carlos Kunkel saludó la reelección del camionero y validó el trámite de Obras Sanitarias.
Anoche, en Casa Rosada, se subestimada la fractura en el gremialismo. En el kirchnerismo se computa, sobre todo después de la votación de las retenciones móviles, a Barrionuevo como un rival y en ese marco se la entiende a la CGT bis como un polo opositor.
Usan, como Moyano, el argumento de que el poder de fuego y representatividad de la central paralela es limitado y que, salvo un puñado de gremios, los demás son sindicatos muy chicos o «inexistentes». El tiempo mostrará la validez o no de esa fundamentación.
El lunes, cuando Néstor y Cristina Kirchner visitaron la sede de la calle Azopardo y se mostraron, sonrientes junto a Moyano, hicieron un último gesto silencioso para evitar que el vacío a la reelección del camionero sea mayor. Fue la coronación como su sindicalista preferido.
Tres veces, desde 1980 a la actualidad, la CGT se partió: a principios de la década del 80, la CGT Brasil que instaló a Ubaldini, a fin de esa década cuando surgió la CGT San Martín con Guerino Andreoni contra el cervecero y en 1996 con Moyano versus Rodolfo Daer.
Para el gobierno militar, aquella división marcó la irrupción de un sector que lo desafió en la calle: estuvo la huelga de noviembre del 81 y la más importante, y furiosamente reprimida, de marzo del 82, unos pocos días antes del desembarco en Malvinas.
A Alfonsín lo siguió la etapa ubaldinista con sus tres paros generales que se terminó cuando, con la llegada de Menem al gobierno, la CGT sufrió otra división: un sector, más cercano al riojano, creó la San Martín y aisló, de a poco al dirigente cervecero. En 1996, ya en el segundo mandato de Menem, luego de breves mandatos de Naldo Bruneli (UOM) y Gerardo Martínez (UOCRA), se produjo la división entre la CGT oficial encabezada por Daer y la disidente que quedó bajo el mando de un dueto: Moyano-Juan Manuel Palacios.
La división duró hasta julio de 2004 cuando, a instancias de Kirchner, se unificó la central y quedó al mando de un triunvirato integrado por Moyano, Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingieri (Obras Sanitarias).
Aquel ensayo duró un año: Moyano se autoproclamó único jefe, asistido paradójicamente por Barrionuevo, y los «gordos» abandonaron Azopardo. Los siguió, luego del escándalo de San Vicente, el barrionuevismo, que ayer pateó el tablero y engendró su propia central.




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