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Los sindicalistas tardaron poco en hacerle notar a Duhalde que con el pase de los Barrionuevo al gobierno no había comprado llave en mano la paz obrera. El primero en hacerlo fue Hugo Moyano, al declarar la huelga de su central sindical para el 14 de mayo a partir de las 12. El camionero no actuó aislado: los estimularon desde la CGT oficialista, donde Armando Cavalieri puso el grito en el cielo por el ascenso de Camaño. Las relaciones de Cavalieri con Luis Barrionuevo son pésimas desde que entre mercantiles y gastronómicos se disputaron, con éxito para estos últimos, el encuadre laboral de los viajantes.
El viernes, en la sede de los empleados de comercio, los «gordos» almorzaron antes de ir a la jura de los nuevos ministros. Allí aparecieron las primeras chispas: «Tenemos que estar juntos, ser responsables, porque ahora que está Graciela estamos nosotros en el gobierno». No fue Barrionuevo el que sostuvo este argumento. Fue Cavalieri. El esposo de la ministra contestó: «Armando, no te hagás el gracioso. Yo sé lo que pensás y el terrorismo que estás haciendo. Siempre di las peleas solo y esta vez va a ser igual. Eso sí, yo sé dónde le aprieta el zapato a cada uno de ustedes». Hubo tensión en el aire, que se alivió cuando le cruzaron a Barrionuevo un par de bromas, que él festejó y continuó: «¿Vieron? Hace una semana decía que Duhalde era Pinochet en el día del amigo, pero ahora que designó a 'la Negra' soy recontralcahuete de él». Cuando se marchó, los demás sindicalistas intentaron ir hacia la Casa Rosada. Tuvieron suerte: no había forma de entrar sin conflicto con los caceroleros que protestaban en la puerta y eso les dio la excusa justa para hacer lo que querían, es decir, no aparecer por el Salón Blanco para demostrarle a Duhalde que con Camaño no acercará a toda la CGT. Para esas horas, Cavalieri intentaba convencer a Daer y a Carlos West Ocampo para que los gremios se pronuncien a favor de la elección anticipada.
Esta pregunta todavía no se la hizo Moyano pero sí Omar Viviani (taxistas), José Rodríguez (SMATA, con enormes problemas en la administración hospitalaria, que involucra inclusive a personas de su familia), Jorge «Momo» Benegas, etcétera. Todos ellos dependen del buen trato del superintendente. ¿Estarían dispuestos a dejar a Moyano e ir con Duhalde a cambio de conseguirlo? Tal vez el Presidente se anime a hacer la prueba.
La estrategia podría extenderse después a los «gordos». Allí Barrionuevo tiene algunos dirigentes afines: West Ocampo, Oscar Lescano, Juan José Zanola. Pero el rigor podría hacerse sentir sobre Cavalieri, complicado hoy extraordinariamente en su sindicato y en su obra social por algunas «inversiones» en las que participó el médico de Quilmes Julio Fraumeni (aquel que mencionó la Bullrich cuando amenazó con investigar al dirigente mercantil). Como se ve, es cierto que Duhalde no compró la tranquilidad sindical cuando acercó a los Barrionuevo. Con el paso de las horas, se hace evidente que decidió lanzar la guerra.
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