Como efecto reflejo, tras la foto de la cúpula del socialismo en la convención de la UCR en Rosario, un sector del PS comenzó a coquetear, veladamente, con la opción de dialogar con el gobierno para treparse a la concertación que oferta Néstor Kirchner.
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El porteño Raúl Puy, dueño de una porción residual del PS capitalino, fue el primero en mostrar una postura que, en reserva y menos extremos, orejean contemplativos otros dirigentes del socialismo como Héctor Polino y los bonaerenses Jorge Rivas y Ariel Basteiro.
Rivas y Basteiro fueron, días atrás, los promotores de la candidatura propia del PS que pidieron encarne Polino. Fue un mensaje preciso de ese sector que controla mayoritariamente Buenos Aires y parte de la Capital: no aceptarán un pacto con Roberto Lavagna.
La alternativa también agrada a Hermes Binner, que si el socialismo resuelve tener un candidato propio, distante de Kirchner y de su ex ministro de Economía, podría concentrarse en lo que es su única obsesión: avanzar sin espasmos hacia la elección de Santa Fe.
No es, sin embargo, la pretensión de la conducción del PS, que encabeza Rubén Giustiniani. En sintonía con la UCR y enlazado con Raúl Alfonsín, el senador advierteque el partido no definió todavía su táctica electoral para octubre de 2007 y que recién lo hará en marzo.
Ambigüedad
Pero hacia adentro del PS, Giustiniani figura como uno de los impulsores de un acuerdo con el radicalismo para respaldar, en bloque, una eventual postulación de Lavagna. Cuando lo consultan sobre esa chance, el senador no la admite pero tampoco la niega.
Ahora, la antigua riña interna del PS alinea a los sectores antagónicos entre los pro-Lavagna y los anti-Lavagna que, ante esto, parecen empujados hacia el kirchnerismo. «No hubo charlas, pero si hay un planteo serio nosotros estamosexplican.
No es un detalle menor: meses atrás, cuando Alberto Fernández le propuso a Polino que asuma como secretario de Medio Ambiente, el ex diputado puso a consideración del partido la oferta. Se rechazó, pero, en paralelo -se lamentan ahora- se gestaba un acercamiento con Lavagna.
Asuntos inflamables
Con este debate en plena tensión, a principios de octubre el PS tendrá una cumbre nacional donde volverá a plantearse la pulseada Kirchner-Lavagna y se perfilarán otros asuntos operativos altamente inflamables:
Puy, a quien se le atribuye una cercanía con Alberto Fernández de los días en que ambos eran legisladores porteños -el jefe de Gabinete, tras su alianza con Domingo Cavallo- se lanzó a capturar para sí el carné de primer socialista K. Reducido su poder en Capital, donde al PS lo domina Roy Cortina, aliado de Jorge Telerman, Puy dijo sin filtros lo que, a su modo, y con matices, piensan otros: Polino, por caso, hubiese aceptado gustoso ser funcionario de Kirchner, con quien tiene más coincidencias que diferencias.
En la frecuencia Polino, pero con un perfil más crítico, aparecen Rivas y Basteiro, que en diciembre deberán renovar sus mandatos como jefes del PS de Buenos Aires. Ese dúo, que repudia la opción Lavagna, podría terminar empujado a los brazos de Kirchner. A pesar de eso -o justamente por eso- echaron a correr la semana pasada el nombre de Polino como candidato a presidente por el socialismo.
La preferencia de cada sector que convive en el PS disparará otra discusión: ¿en qué momento el partido debe anunciar su juego electoral? Giustiniani ha dicho que hasta marzo el PS no debe resolver ningún paso. Sus rivales internos sugieren que hay que apurar las resoluciones. En octubre, con todos los actores en la mesa se discutirá ese punto cuando, como se espera, se proponga la candidatura presidencial de Polino. . En simultáneo se disparará otra discusión que en su momento Giustiniani intentó aplacar pero que amaga con volver. Es la referida a si el partido permitirá acuerdos particulares en las provincias o, como pretende el jefe del PS, resolverá una postura única a nivel nacional que se replicará en los distritos. Es una complicación: el PS ya pactó con la UCR en Santa Fe, por lo que, salvo una excepción, condiciona el margen de acuerdos nacionales al empujar hacia el radicalismo, que, se sabe, se encamina hacia Lavagna. Otra vez, octubre será clave para la izquierda.
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