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30 de noviembre 2005 - 00:00

Confirmado: EE.UU. saca a Gutiérrez de embajada

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No sólo se comenzó a hablar del traslado del embajador en Buenos Aires, Lino Gutiérrez, como informó este diario hace dos semanas. El gobierno de los Estados Unidos dispuso también que se levante la oficina de observación que había destacado el Departamento del Tesoro en Buenos Aires y que estuvo a cargo de Mathew Haarsager desde hace casi cuatro años.

El desplazamiento de Gutiérrez, que se produciría en febrero próximo, expresa el malestar del Departamento de Estado con su representación en Buenos Aires por el pésimo resultado que tuvo para Washington la Cumbre de las Américas. En cambio el retiro de la delegación del Tesoro indica una política hacia el país, dominada por la indiferencia. Además de un juego regional distinto: la dependencia que se cierra en Buenos Aires se abrirá en San Pablo.

El entonces subsecretario del Tesoro y encargado de la política internacional de esa cartera, John Taylor, fue quien, en 2002, resolvió enviar a uno de sus hombres de confianza a Buenos Aires para que lo mantuviera informado de los avatares de la crisis. Fue de ese modo que llegó Haarsager al país. Su salida y la clausura de su despacho se explican por un desinterés en el derrotero de la actual administración, que se expresó últimamente de distintas maneras. Una de ellas fue la que adoptó el propio Bush en su diálogo con Kirchner, cuando le dijo: «Ya que su gobierno fue muy exitoso, está en condiciones de negociar solo con el Fondo». Una expresión similar repitió Tom Shannon, el subsecretario del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental, cuando confesó delante de un par de latinoamericanos, el último 9, en una reunión de evaluación de la cumbre fallida: «En Mar del Plata no fue ofendido mi presidente sino mi país. Esto no quiere decir que hablaremos mal de la Argentina. Pero cuando nos pregunten por el gobierno de Kirchner, y sabemos que la Argentina requiere de nuestro auxilio en el Fondo Monetario Internacional, no diremos que es un gobierno amigo».

El traslado a San Pablo es una consecuencia lógica de datos conocidos: el desdén con que Kirchner trató los intereses de Bush en Mar del Plata fue compensado por Lula da Silva en Brasilia, donde firmó con el norteamericano lo que el gobierno argentino se había negado a suscribir en Mar del Plata respecto del ALCA. Antes de llegar a la ciudad de Lucio Costa y Oscar Niemayer, Bush declaró a «Estado de Sao Paulo», para escándalo de la izquierda del PT: «Cuando quiero saber algo de la región hablo con Lula». Ahora este criterio se extenderá más específicamente a las cuestiones económicas.

La explicación que, extraoficialmente, se puede escuchar de boca de diplomáticos estadounidenses para el traslado de la oficina del Tesoro es cruda: «La Argentina interesó a los economistas de Washington cuando su crisis amenazaba a la región. Ahora que ese problema fue superado, los problemas del país deberán resolverlos los argentinos. En todo caso deberemos tener más control sobre lo que suceda en Caracas, si es que han decidido referenciarse allí». Sonrisas.

Sin embargo, Washington cambiará a su embajador en Buenos Aires. Tal vez destaque a una mujer en el palacio Bosch-Alvear. Acaso una experta en comercio internacional. ¿Hará lo mismo Kirchner con su delegado ante Bush? Hasta ahora se sirvió de José Bordón, un hombre de Lavagna que ni siquiera habla bien el inglés. Si el presidente de los Estados Unidos fue engañado, como el propio mandatario le reprochó a su embajador Gutiérrez antes de subir al avión, también para Bordón existe ese reproche. ¿O no fue él quien lo involucró a Shannon en la campaña de Cristina Kirchner para una photo oportunity en su residencia 15 días antes de los comicios?

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