Se despejaron todas las dudas: los restos de Juan Domingo Perón reposan en la quinta de San Vicente, pese al accidentado viaje al terruño bonaerense. Ayer, expertos y familiares del General comprobaron que el féretro trasladado el martes pasado al nuevo mausoleo contiene el cuerpo del ex presidente.
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Antonio Cafiero, Antonio Arcuri, Juan Carlos Dante Gullo, Alejandro Rodríguez Perón, sobrino nieto del tres veces presidente, y Humberto Linares Fontaine, abogado de María Estela Martínez de Perón, firmaron las actas ante un escribano público que certifican la presencia efectiva de los restos del ex presidente.
El objetivo del procedimiento fue disipar las especulaciones de los últimos días sobre la posibilidad de que el féretro se encontrara vacío. El trámite se realizó usando la poco convincente excusa de un recambio de custodios en la quinta de San Vicente.
Casi una semana después del traslado del cuerpo del ex presidente que terminó con un enfrentamiento entre gremios y más de 60 heridos, el gobierno nacional buscó (y logró) que la custodia de la nave donde se encuentra el féretro del General quedase en poder de Gendermería Nacional. En tanto, la Policía Bonaerense -que ayer delegó esa función- se ocupará de brindar seguridad en el perímetro de la finca de 19 hectáreas. Hasta el recambio de seguridad los responsables del cuerpo de Perón eran Daniel Carunchio y Alfredo Péculo, los directivos de la funeraria que cumplen ese rol desde la muerte del ex presidente.
Pero lo importante no era definir si eran los hombres de azul o los de color terrado los que vigilarían el mausoleo, sino corroborar que el ataúd no estuviese vacío.
El procedimiento de verificación consistió en abrir el féretro de madera y luego remover parte de la caja metálica que contiene el cuerpo del ex presidente, con lo que se pudo ver el rostro a través de un vidrio.
Los que estaban allí respiraron aliviados. Hubiera sido un escándalo mayúsculo que además de la violenta peregrinación de la semana pasada no estuvieran los restos del General.
«No teníamos dudas, pero lo hemos constatado para tranquilidad de la población», declaró satisfecho Alejandro Rodríguez Perón, sobrino nieto del general Perón.
«El cuerpo del General ha sufrido el deterioro lógico después de 32 años de su muerte, pero los rasgos de su cara son perfectamente reconocibles», matizó Rodríguez Perón a las radios.
Una vez hecho el reconocimiento y tomada una serie de fotografías, el escribano general de la provincia de Buenos Aires, Ramón González Fernández, firmó el acta correspondiente.
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