2 de junio 2005 - 00:00

Congreso agresivo contra el gobierno

Un miércoles negro ayer en el Congreso para el gobierno, donde el oficialismo tiene formalmente la mayoría en las dos cámaras, pero donde le aparecen cada día más problemas. El clima preelectoral empasta cualquier mecanismo político, pero el gobierno parece dedicado a ganar adversarios por desmanejo entre propios y extraños. Ayer, el Senado estuvo a punto de votar una interpelación al canciller Rafael Bielsa, desairada esa cámara por la ausencia inmotivada del funcionario la semana pasada para explicar Malvinas. La votación dio 28 a 27 y no prosperó por necesitarse mayoría especial. El pedido fue un hecho insólito porque una interpelación es una medida extrema que se toma en la Argentina cada diez años (el último ministro interpelado fue Domingo Cavallo en 1996). Tampoco esa cámara hizo nada para que avanzaran dos proyectos por los que clama el gobierno y por los que espera una señal el FMI: la ley antievasión y la renegociación de los contratos de los operadores portuarios. Diputados cerró la jornada cuando estuvo cerca el oficialismo de perder la votación pedida por el radicalismo para voltear un decreto firmado por Kirchner hace una semana que autoriza a los partidos en formación -como el oficialista Partido de la Victoria- a que designen candidatos fuera de término y sin ir a las elecciones internas que impone la ley. Todos estos barquinazos del gobierno en el Congreso no fueron por peleas sólo con la oposición; se originaron en forcejeos dentro del oficialismo. Si existe tal desmanejo de las fuerzas propias no se entiende para qué el Presidente presiona a todos para que lo apoyen en las urnas para darle más legisladores. No sea que con más diputados y más senadores oficialistas después del 10 de diciembre también tenga el gobierno más problemas.

Congreso agresivo contra el gobierno
Los senadores peronistas no quisieron cumplir ayer con Roberto Lavagna -y el gobierno- y forzaron a postergar la votación del paquete conocido como Plan Antievasión II. Ese proyecto incorpora figuras como la del «agente encubierto» -que habilita a inspectores a presentarse en comercios sin identificarse y luego labrar actas y hasta clausurarlos- o el «domicilio fiscal electrónico» -para ser notificados por la AFIP en Internet-, que nunca convencieron al Congreso por considerar que se están otorgando «superpoderes» al organismo recaudador.

Esto en cuanto a lo que llegó al Senado. Mientras, sigue trabada en Diputados la reforma al régimen penal tributario, para empleados domésticos, y directamente quedó fuera de discusión el capítulo laboral que introducía presunciones que permiten a la AFIP determinar evasión previsional sobre la base de verificar el consumo o las compras de una empresa.

• Hartazgo

Más allá de las diferencias técnicas, existe en el Congreso un sentimiento de hartazgo -no reconocido públicamente- con relación a los pedidos del Poder Ejecutivo y el trato que reciben los legisladores del PJ desde el gobierno, que es prácticamente nulo, lo que genera una práctica de pequeñas asociaciones puntuales entre peronistas rebeldes, radicales y provinciales -en diputados se suma el ARI y la izquierda- para complicarles los planes a Kirchner y a sus ministros.

Por eso, el PJ se retiró del recinto en el momento de comenzar la aprobación en general dejando al gobierno ante la peligrosa alternativa de que el radicalismo ganara la votación y consiguiera introducir reformas a la ley que muchos peronistas también apoyan, pero que callan por disciplina -y temor- partidaria. El mensaje que dieron fue claro: si el gobierno quiere aprobarlo hoy, corre el riesgo de que sea con fuertes modificaciones.

Ayer, minutos después de comenzar el tratamiento en el Senado, los peronistas comenzaron a levantarse de sus bancas. Jorge Capitanich intentó en todo momento hacer volver a los peronistas al recinto, mientras Miguel Pichetto sudaba ante el peligro.

Por eso, el presidente del bloque PJ, al observar que el radicalismo tenía número suficiente para lograr esos cambios en la ley, decidió levantar la sesión.

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