En el nuevo parque de la memoria que, hace dos días, inauguró el matrimonio presidencial en la Costanera Norte se plagió, como se sabe, el estilo de recuerdo de los muertos en Vietnam o de algunos túmulos colectivos de judíos arrasados por el nazismo. O sea, se inscribieron en placas adosadas a paredes los nombres de los desaparecidos. En la muestra estrenada anteayer aparecen 8.718 nombres, pero en verdad se aplicaron 30.000 placas (o sea, hay unas 21.000 vacías), quizás para satisfacer el convencimiento de que ése ha sido el número tan pregonado de víctimas en aquellos años de la dictadura militar. No se han encontrado muchos de los restos, pero sí se sabe de un número preciso de nombres por denuncia de familiares, amigos u organizaciones políticas. Después de tantos años, sin embargo, parece extraño que no se hayan encontrado las identidades suficientes para alcanzar el número elegido de 30 mil. Inclusive, señalan algunos especialistas en el tema, en este caso hasta se olvidaron de computar en las placas del recuerdo a unos 800 desaparecidos adicionales que sí constan en una segunda versión del «Nunca más». La memoria a rescatar parece necesitar una organización menos improvisada.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario