2 de diciembre 2004 - 00:00

Contagio

En carne propia. Anoche, Néstor Kirchner, por primera vez, fue puntual y se constituyó a las 21.30 en el Palacio San Martín para agasajar al presidente de Pakistán, que, de paso, es un militar. Pervez Musharraf, enterado seguramente de las costumbres del anfitrión, le cantó a Gardel y llegó 10 minutos tarde. Parado en la entrada del palacio, Kirchner sonreía forzadamente ante las miradas del resto de los invitados que gozaban la situación.

El Presidente, horas antes, y para ponerle el sello personal al compromiso, había anunciado que suspendía el viaje del próximo miércoles a Perú, donde se va a firmar un acuerdo para crear otra liga de nacionales (la Unión Sudamericana, que apadrina Eduardo Duhalde, con quien se entrevistó ayer Kirchner). Sus médicos le recomendaron que no se sometiera a los rigores de la altura de Cuzco. Da para la sonrisa, pero también para la suspicacia: revela un costado ignorado hasta ahora de la salud del primer magistrado, que ha negado siempre tener dolencia alguna.

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