6 de junio 2003 - 00:00

Contra la CGT: Kirchner dijo que termina sindicato único

En 48 horas Néstor Kirchner se reunió dos veces con el sindicalista que conduce la central izquierdista CTA, Víctor De Gennaro, y le prometió avanzar hacia la desregulación del gremialismo argentino. Es decir, acceder al reclamo proveniente desde esa central obrera para que se reforme radicalmente el régimen ideado por Juan Domingo Perón en los años '40, que tiene tres características principales: la existencia de una sola entidad con personería gremial, de un solo convenio colectivo y de una sola obra social por rama de actividad productiva. De Gennaro y su CTA vienen reclamando, con el respaldo de la Organización Internacional del Trabajo, que se les reconozca personería gremial a las entidades inscriptas en el Ministerio de Trabajo, aunque no reúnan a la mayoría de los afiliados de cada rama de actividad. Esto permitiría que la CTA fuera considerada una central oficial, como la CGT de Rodolfo Daer. Y también que las agrupaciones minoritarias, en general de izquierda, puedan transformarse en sindicatos oficiales, cobrar una cuota, firmar un convenio propio y crear su propia obra social. Si se agrega a esta iniciativa, que demandaría decretos de necesidad y urgencia o una ley, la reforma en el PAMI, habría que presumir que la guerra contra el sindicalismo tradicional (al que Kirchner aún no recibió) está declarada.

El diálogo lo llevaron adelante, anoche, en la sede de uno de los grandes sindicatos de la CGT oficial, dos capitostes del sector.

Sindicalista 1: «No te preocupés, ya me lo dijo Ginés (González García, ministro de Salud), todo lo que está haciendo Kirchner es para la gilada y después negocia».

Sindicalista 2: «Sí, ya lo sé, pero me parece que la gilada somos nosotros».

El gremialismo tradicional, agrupado en la CGT que conduce Rodolfo Daer y que reúne a los habitualmente denominados «gordos», entró ayer en un estado de gran inquietud. Néstor Kirchner recibió por segunda vez en dos días al titular de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Víctor De Gennaro, quien abandonó el despacho presidencial declarando que «esta vez sí habrá desregulación del sindicalismo en la Argentina».

• Promesa

El Presidente le prometió a De Gennaro que terminará con el régimen de sindicato único por actividad, que caracteriza al gremialismo argentino desde que Juan Perón lo reguló desde la Secretaría de Trabajo y Previsión (Decreto 23.852 del 2 de octubre de 1945). Hay que entenderlo así: en la Argentina el Ministerio de Trabajo le otorga personería gremial a la organización que demuestra tener la mayor cantidad de afiliados de una actividad. Las demás, que no tienen esa condición, son denominadas « entidades simplemente inscriptas». La personería gremial otorga dos derechos: a celebrar el convenio colectivo de toda la actividad y a cobrar la cuota sindical que se descuenta a los afiliados.

El sindicalismo tradicional argentino se asentó a lo largo de toda su historia en estos dos derechos, claves para que mantenga su nivel de centralización. El reclamo de De Gennaro, que Kirchner estaría dispuesto a aceptar, consiste en que la agrupación que presente un piso mínimo de adherentes pueda reclamar y conseguir la personería gremial, con lo que se multiplicarían los sindicatos que pueden recaudar y firmar convenios en cada actividad ( gastronómicos, comercio, metalúrgicos, etcétera).

La consecuencia inmediata de esta reforma es, como puede advertirse fácilmente, la desregulación de la convención colectiva. Es decir, se podrían celebrar distintos convenios, según sea el sindicato que los suscribe, en el seno de una misma actividad. De allí a multiplicar la existencia de obras sociales (entidades prestadoras de salud, llamadas « cajas», que reproducen el diseño de las organizaciones sindicales), hay un paso.

El sistema de sindicato únicoy de convención colectiva centralizada fue el principal rasgo del régimen instaurado por Perón en los '40 y '50, con una fuerte intervención del Estado sobre las asociaciones de trabajadores. Este sistema se extiende también a las entidades de segundo y tercer grado, como la CGT y la CTA. Precisamente lo que De Gennaro está reclamando principalmente es que su CTA sea reconocida oficialmente como central por el Estado. Y que las líneas internas de grandes gremios que le responden puedan constituir sindicatos reconocidos oficialmente, por más que representen a minorías.

• Posiciones

Los efectos de esta política son innumerables y contrarían algunas posiciones dentro del mismo gobierno: por ejemplo, la del ministro de Trabajo Carlos Tomada, defensor del sindicato único por rama de actividad (hasta tiene dictámenes en este sentido). En principio, habría que imaginar un fortalecimiento de las organizaciones de izquierda, no sólo las de origen peronista como ATE de De Gennaro sino también las trotskistas, comunistas, etcétera. Todas ellas podrían acceder a un financiamiento del que hoy carecen por no poder cobrar la cuota sindical.

Además, se puede presumir un mayor activismo dentro de las empresas, donde pueden aparecer delegados de cada sindicato reconocido en un mismo tipo de tarea. Lo que también eleva los costos laborales, ya que todos esos delegados gozarían de estabilidad laboral y licencias gremiales.

A cambio de estos vicios, están los que presumen que el régimen desregulado sanearía el sistema de obras sociales y volvería más competitivo el régimen de convenciones colectivas. Sobre todo por la experiencia que en este nivel se produjo en algunas actividades como la automotriz. Siempre se recuerda el caso de la empresa Fiat que encontró la manera legal de elegir cuál de los dos sindicatos con capacidad de suscribir convenio (UOM y SMATA) ofrecía las mejores condiciones para el desarrollo del negocio y la competitividad de la compañía.

Los «gordos» de la CGT se preparan para una batalla con Kirchner por estas iniciativas legales. Y también por la confrontación que podría verificarse en el PAMI, donde Ginés González García aconsejó no intervenir la conducción del instituto con la expectativa de que los sindicalistas renovarían amistosamente su representación. Ayer, desde Ginebra, Daer desmintió esa posibilidad: «Si no es con un Comité Central Confederal no puedo remover a (Reinaldo) Hermoso ni a (Domingo) Petreca». Son los dos sindicalistas que están en el directorio del PAMI y que manejan buena parte de los resortes de ese organismo.

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