1 de enero 2001 - 00:00

Contratos porteños bajo investigación

La Municipalidad de Buenos Aires es territorio ocupado: la ha invadido un verdadero ejército de contratados, que han aparecido en todas las dependencias comunales a partir de la asunción en el cargo del jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra.

Cerca de 15% del personal del Gobierno autónomo cumple sus funciones bajo esa modalidad.

El hecho resulta particular-mente irritante -sobre todo a los empleados de planta permanente-porque los recién llegados perciben entre 50% y 100% más que quienes desempeñan las mismas tareas pero están en relación de dependencia.

Dado que las vacantes permanentes se hallan congeladas y sería políticamente impensable modificar esta situación, la administración Ibarra optó por el camino más sencillo y expeditivo: apelar a los contratos.

Plantel

Se calcula que podrían ser cerca de 10.000 las personas que comenzaron a prestar servicios en el municipio desde que Ibarra tomara posesión de la intendencia.
En planta permanente hay entre
110.00 y 120.000 empleados.

La cifra de los contratados es tan misteriosa que ha originado un pedido de informes de uno de los bloques opositores en la Legislatura porteña; hasta ahora, el municipio se ha negado a entregar la información.

Además, los «nuevos» perciben ingresos que llegan a duplicar los de sus compañeros de oficina.

Por caso, un jefe de departamento percibe cerca de
$ 1.500; un «asesor» contratado, $ 2.000.

Experiencia

Además de cumplir las mismas tareas, el primero por lo general acumula experiencia en el desempeño de sus funciones, mientras que el contratado «viene de la calle» sin conocimiento específico alguno.

El personal de planta tiene obligación de cumplir con el horario oficial, mien-tras que el contratado ni siquiera ficha.

Esto es así porque se trata de contratos de servicio: si el contratado «cumple con las tareas asignadas a satisfacción» no debe ni siquiera dar el presente todos los días.

Ahora, según viene publicando el boletín municipal, resurgen también nuevos cargos de la mano de la creación de nuevas subsecretarías y de «direcciones generales adjuntas».

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