Felipe González hace una broma que ya tuvo bastante difusión acerca de que los ex presidentes son como jarrones chinos: muy valiosos pero uno no sabe dónde ponerlos. Ni qué hablar cuando ese problema aparece con próceres que ni siquiera han sido presidentes. Es el problema que se le presenta en estos días al partido de Mauricio Macri, PRO, con el «jarrón chino» Ricardo López Murphy. Encumbrado en las alturas de su ego, este ex candidato a presidente y senador, se ha convertido en un problema para el desarrollo de esa organización de centroderecha en la provincia de Buenos Aires.
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Al menos eso es lo que piensan quienes quieren desalojarlo de allí para llevar adelante una política que integre a otros sectores, especialmente peronistas, sobre todo ex duhaldistas. • Componendas
Dirigentes del macrismo originario, como Jorge Macri -primo del jefe del grupo- o Eugenio Burzaco, aliados a acompañantes del propio López Murphy, como Paola Spátola, pretenden que el ex ministro de Fernando de la Rúa despeje su condición de líder provincial para que se puedan habilitar nuevas componendas y, sobre todo, dar instrucciones a una cantidad de concejales que ahora aparecen sin conducción alguna (los hay en Lanús, Avellaneda, Lomas de Zamora, en general ex peronistas).
Como enseñó la Curia romana durante muchos siglos, la mejor forma de desplazar a este tipo de cardenal es promoviéndolo. Por eso al lado de Macri imaginan que a López Murphy le sentaría bien encabezar un nuevo artefacto político que se pondría en la vidriera de la gran juguetería partidaria en marzo próximo: sería una Confederación de Partidos de Centro, que integraría a los que ya forman PRO (Compromiso para el Cambio y Recrear) con formaciones como los Demócratas de Mendoza, los Demócrata Progresistas de Santa Fe o los Renovadores de Salta. López Murphy quedaría de ese modo convertido en una especie de nuevo Vicente Solano Lima, es decir, un conservador tolerante con el peronismo. No hay que tomarlo en broma: Solano Lima llegó desde esa condición y al frente de un partido pequeño como el Conservador Popular, a secundar a Héctor Cámpora en la fórmula vencedora de 1973. Es cierto que al propio interesado no habrá de agradarle este antecedente: sus ancestros radicales tal vez le exijan ser una especie de Eduardo Angeloz, candidato con María Cristina Guzmán en 1989 a la cabeza de una Confederación Federalista Independiente que imaginaron Conrado Storani y Ricardo Yofre para llevar votos conservadores al torrente radical que enfrentaría a Carlos Menem.
Más allá de estos parangones, lo cierto es que a López Murphy le están construyendo esta vitrina para ubicarlo dentro de ella en marzo, cuando se lance el experimento. El carpintero es un ex ministro de Menem, José Uriburu, que estuvo brevemente en la cartera de Trabajodurante el último tramo de su gobierno. Uriburu forma parte del segundo círculo que acompaña a Macri y recibió del presidente de Boca la encomienda de tejer alianzas con los partidos de centroderecha del interior del país. La tarea comenzó por Córdoba, donde los dirigentes de PRO estuvieron el 13 de diciembre pasado y dejaron plantada la semilla de la nueva especie en manos de Miguel Balestrini. Ironías de los sueños de estos conservadores: también este Balestrini fue peronista y ganó notoriedad en los '90 como presidente de la Comisión de Finanzas de Diputados, donde representaba a Carlos Menem.
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