Cristina de campaña: entre Evita, EE.UU. y la TV

Política

Cuando el pacto boquee su último aliento y no queden hendijas para soñar una reconciliación entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, vestida de candidata a senadora Cristina Fernández comenzará a chapotear en el barro de la política bonaerense.

Las charlas de los últimos días en las que decapitó la alternativa de un acuerdo con el PJ duhaldista, Kirchner las utilizó además para bosquejar con íntimos y aliados las formas y los tiempos de la campaña que desarrollará su esposa en la provincia.

Como anticipó este diario, el primer mojón de la travesía cristinista será el jueves, a las 19, en el Teatro Argentino de La Plata, donde anunciará oficialmente lo que se sabe hace tiempo: que será candidata a senadora por Buenos Aires, su provincia natal.

• Unica oradora

La escenografía está definida. La primera dama estará sola sobre el escenario y, según lo resuelto hasta anoche, será la única oradora. Abajo la aplaudirán Felipe Solá, el platense Julio Alak, los candidatos del Frente para la Victoria (FpV) y una ristra de gobernadores cercanos a Kirchner.

No está resuelto si el Presidente estará presente. Ese capítulo se debatirá desde hoy en las oficinas del jefe de Gabinete,
Alberto Fernández, y en los dos pisos que Dante Dovena alquiló sobre calle Paraná al 800, donde funcionará el comando de campaña «Cristina 2005».
La asistencia o no de Kirchner es un factor eventual. Participe o no en el acto de La Plata, el grado de intervención del Presidente en la pulseada bonaerense será extremo y explícito, al punto que hará tanta o más campaña que su esposa.

Responde a una lógica que Kirchner transparentó días atrás.
«Voy a ir a cada uno de los municipios», anticipó en una reunión que mantuvo con Solá, los ministros Fernández, José Pampuro, Florencio Randazzo y los intendentes Julio Pereyra, Alberto Descalzo y Alberto Balestrini.

En rigor, entre el acto « institucional» del jueves -no habrá bombos ni barras-y el 24 de agosto, fecha de inicio legal de la campaña,
Cristina sólo tiene pautado un show político: el 26 de julio, en homenaje por los 53 años de la muerte de Eva Perón.

También abrazada a
Evita, la primera dama continuará ampliando su agenda internacional. Para fines de julio, está programado un viaje a EE.UU. -puntualmente a Los Angeles-, donde patrocinará una exposición en honor a la «abanderada de los humildes».

No es ingenua la empatía que Cristina busca construir con Eva Perón. El lado más flaco, en términos electorales, de la primera dama es el universo peronista del conurbano profundo que venera a los Duhalde y decodifica a Chiche como una protectora.

Todos los sondeos -hasta los más dulcesque lee
Kirchner revelan la vulnerabilidad de su esposa entre los quintiles inferiores. Pero, como consuelo, reflejan que la adhesión al Presidente en esos nichos compensa, al menos en parte, las falencias de la primera dama.

Por eso, durante el próximo mes y medio, mientras
Cristina sature diarios y canales de TV, Kirchner saldrá de gira -siempre con la chequera a mano para ofrendar obra pública y subsidios-por los municipios de la provincia a colectar votos para su esposa.

En sus excursiones por Buenos Aires, el Presidente irá flanqueado por
Felipe Solá. Como ninguno de los dos es candidato, no podrán acusarlos de desobeceder la ley que sostiene que recién en los 60 días previos a la elección se puede hacer campaña electoral.

Pero -siempre- hay algo más que la normativa cruda. Kirchner quiere gestar dos antagonismos: en paralelo a la disputa Chiche-Cristina, pretende engendrar un duelo personal entre él y Duhalde.
«Lo nuevo contra lo viejo» es el eslogan «sui generis» que imaginan.

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