Interesó el reportaje, con más de un mes de antigüedad, de Cristina Kirchner, publicado simultáneamente por «El País» de Madrid y por «Página/12». No por lo que la primera dama hable sobre los dilemas de la política argentina, un terreno en el que prefiere no ingresar (cuando lo hace se limita a apreciaciones teóricas o históricas). Tampoco se destaca por lo económico, que no es su fuerte. Aun cuando haga una defensa de las privatizaciones (no de cómo se hicieron en la Argentina, claro), comete errores básicos como imputarle a la convertibilidad un rebrote inflacionario. Es cierto que defiende al gobierno con buenas cifras, como suele hacer su esposo el Presidente. En cambio, el extenso reportaje es revelador por otros aspectos. Por ejemplo, la larga rendición de cuentas de su biografía con el peronismo, al que se muestra muy adherida desde chica a pesar de los reproches que les hacen a los Kirchner quienes les piden más apego al folclore partidario. O las revelaciones sobre los avatares del matrimonio durante la última dictadura militar:confiesa, por primera vez, que estuvo presa con el Presidente durante un mes (siempre se dijo que fue sólo una noche la que pasó Kirchner en una comisaría). O que le pusieron una bomba en el estudio jurídico en 1980 y se lo incendiaron en 1982. Se extiende como pocas veces la esposa del Presidente (a quien llama «mi marido» y no «Kirchner», como de costumbre) en caracterizar a sus hijos y su vida familiar.Y hasta revela un rasgo de humor al contar, al final, un cuento «degallegos». Veamos algunos pasajes interesantes de ese reportaje:
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