24 de noviembre 2003 - 00:00

Cristina vs. Chiche para suceder a Solá

Les ocurre a todos los gobernantes sin reelección, tener que pelear desde el primer día de su último mandato contra los que se prueban su ropa con el solo pretexto de que cualquiera puede reemplazarlo usando un derecho que ese gobernante es el único que no lo tiene.

Eso lo buscó Felipe Solá, postergar por lo menos hasta el 2005 aprovechando los votos propios de la elección que le dio su segundo y último mandato. Pero los tiempos frenéticos de la política bonaerense, aparecen en este caso más impiadosos que nunca: aún antes de haber asumido ese segundo tramo, Solá ya tiene que convivir con un puñado de aspirantes a sucederl o. Algunos están lanzados oficialmente, otros no; varios liberan en privado su ilusión de entrar en ese juego.

No sólo Chiche Duhalde es hoy la sombra de Solá, también -quizá sólo como una amenaza velada de Néstor Kirchner a Eduardo Duhal- d ese anota la primera dama Cristina Fernánde z. Al dueto de damas, mal trago para los misóginos, se acoplan otras figuras: Aníbal Fernánde z, Alfredo Atanasof y hasta los ex mosqueteros Alberto Balestrin i, Julio Alak y Juan José Alvare z.

Cada historia tiene un tono particular con un Duhalde omnipresente que volverá en pocos meses (quizá deba armar un simulacro de negación para luego aceptar) a ser candidato cuando pretenda recuperar la banca en el Senado que donó, tras asumir su interinato, a Antonio Cafier o. Veamos cada caso:

• Lo de Chiche es sintomático. Cuando a principios de ese año le pidieron que sea la vice de Solá, le avisó a sus fieles -en rigor, son de su esposo pero ella los hereda como si fuese un bien ganancial- que no integraría la fórmula para la gobernación de 2003 porque «su» tur no era en 2007. El año que viene dará un paso clave en esa estrategia: salvo un imprevisto, será electa al frente de la jefatura del PJ bonaerense, en reemplazo de Manuel Quindimil. Eso, al menos, quiere el duhaldismo hard y Chiche, donosa, no se resiste. Su esposo, a veces, duda de hacer ese movimiento: evalúa que coronar a su esposa puede perjudicarla electoralmente. La política de unidad básica, el trabajo menos grato, en definitiva -piensa Duhalde sin decirlo- que lo hagan otros. La elección de la jefatura partidaria se hará en marzo.

• Lo de Cristina Kirchner, platense de nacimiento y ahora bonaerense por opción -el 26 de junio mudó su domicilio legal a Olivos lo que ¿podría perjudicarla para ser otra vez senadora por Santa Cruz?- huele sólo a amenaza. ¿Querrá Kirchner apostar a su dama, emulando a Carlos Ruckauf o Graciela Fernández Meijide que reivindicaron su origen bonaerense sólo para competir en una elección y terminaron mal? De todos modos, el ala kirchnerista que reniega de Duhalde blande la virtual postulación de la «primera ciudadana» como un arma para incomodar al duhaldismo en la elección por la senaduría en 2005 o, más pretencioso, para la gobernación en 2007. Detrás de ese juego hay una enseñanza: Kirchner aprendió rápido, lo que Carlos Menem tardó años en entender y cuando lo hizo era tarde: que no se puede construir política sin hacer pie en Buenos Aires. A eso responde también el acercamiento del patagónico con Solá y su apasionamiento para sugerirle «armar».

• Los demás son actores de reparto. Incluso el ministro del Interior
Aníbal Fernández que hace más de un mes le confió a un diario de su Quilmes natal que su objetivo era la gobernación bonaerense en 2007. Nadie duda que Fernández -que se autodefine como «duhaldista portador sano» y dice ser uno de los políticos más discretos del país- pasó por el confesionario periodístico sin antes avisarle a Kirchner. Después, el quilmeño le avisó a Duhalde. «No sé qué pensás vos -le dijo desafiante-, pero yo voy a laburar para ser candidato.» Como Fernández, Alfredo Atanasof anuncia su deseo de ser gobernador para luego escoltar a las damas de sus jefes. Por su parte, los ex mosqueteros Alak, Balestrini y Alvarez tienen destinos dispares. Alvarez, antes de asumir como ministro de Seguridad, se ilusionaba con ir al Congreso y construir ahí un vínculo sólido con Chiche para ser en el futuro su segundo. Balestrini y Alak, en cambio, deben ensayar otros rumbos. Ninguno de los dos es agradable a los ojos del matrimonio de Lomas de Zamora así que su destino político debe construirse en el antiduhaldismo, sea de la mano de Solá, de Kirchner o de ambos.

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