3 de mayo 2005 - 00:00

Criticaban a Amalita Fortabat. Ahora progresismo se queja porque vendió su Loma Negra

Duele la compra por capitales brasileños cuando el gobierno tiene malhumor creciente por los logros de Lula da Silva en lo económico y en prestigio internacional. La relevancia que ha conseguido y la que puede ampliar si logra un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, algo que se cree que no ocurrirá, alimentan ese rencor. Por más que el verdadero problema con Brasil sobrevendrá cuando la Argentina reclame por electricidad a su socio, casi seguramente habrá una negativa, ya que la Secretaría de Energía impidió en las últimas semanas a la empresa Edesur cumplir con sus contratos de provisión de electricidad al país vecino. Se acusa a los brasileños de facilitar a sus empresas para que compren en el exterior, como es el caso de Loma Negra ahora y otras antes, como Pérez Companc, y se expandan. Pero el gobierno argentino cancela créditos al bajísimo interés de 3%/4% que podría destinar al mismo fin de fortificar el capital nacional. No lo apoya, lo obliga a mantener empleados, le prepara leyes más agresivas -como la última proyectada por el ministro Tomada para crear nuevos dirigentes sindicales que puedan parar la producción por no arriesgarse ellos en Seguridad-. A este azote al capital nacional se suma la Corte Suprema, que tampoco tiene consideración con las empresas. Con esta forma de gobernar, que Brasil se empine día a día en relación con la Argentina resulta casi obvio.

Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva se verán cara a cara el miércoles de la semana que viene. Tal vez se cierre la brecha abierta por Bielsa entre los dos presidentes.
Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva se verán cara a cara el miércoles de la semana que viene. Tal vez se cierre la brecha abierta por Bielsa entre los dos presidentes.
La Cancillería seguía anoche ajustando los detalles del próximo viaje de Néstor Kirchner a Brasil. El Presidente estará allí el miércoles de la semana que viene para asistir a la cumbre de países sudamericanos con los países árabes. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva sabrá ese día, tal vez, si para evaluar la relación con la Argentina debe atender a las profesiones de amistad que pronunciaron las principales figuras del gabinete argentino, el jueves, en Montevideo, o si conviene seguir las operaciones de prensa realizadas por Rafael Bielsa durante el fin de semana. El acertijo podría resolverse antes porque si la irritación que dejó trascender el canciller es tan grave como manifestaron sus voceros, Kirchner suspenderá su viaje.

Desde Brasilia la contestación a las insinuaciones de Bielsa fue muy sobria: «Nos sorprenden las informaciones de la prensa porque las relaciones con la Argentina han sido siempre buenas, aún cuando haya alguna diferencia de enfoque sobre temas particulares», dijo el canciller de Lula, Celso Amorim, ayer. Algunos de sus colaboradores se preguntaban, sin embargo, si la clásica rivalidad con Brasil no será exacerbada como motivo de campaña de un canciller-candidato.

La existencia de una reiterada insatisfacción de la administración Kirchner con la gestión del PT es conocida. Este diario informó en dos oportunidades, la semana pasada, el malestar que había causado en el Palacio San Martín la aceleración que le imprimió Amorim a la formación de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) y la gestión mediadora llevada adelante en Ecuador, precisamente en el marco de esa liga regional. ¿Qué es lo que irrita de Lula da Silva en el gobierno argentino? Aquí va el inventario:

La carismática biografía de Lula es de por sí exigente para cualquier líder de izquierda que deba compararse con él: su trayectoria, que comienza en las profundidades del nordeste y pasando por talleres inhumanos de San Pablo, hasta convertirlo en el caudillo sindical que enfrentó a la dictadura y en el presidente ganador, con la urna llena de votos, de una de las naciones más grandes del planeta, parece obra de guionistas de Hollywood. Kirchner tiene la mala suerte de que su mandato coincida con el de este personaje casi literario que, además, se ha transformado en una estrella internacional para observadores sin distinción de ideologías.

• Sobre ese telón de fondo, el comportamiento del gobierno de Lula ante los organismos internacionales irritó siempre a Kirchner. El gobierno de Brasil jugó siempre a una política de diferenciación de la Argentina en su relación con el Fondo, como corresponde a un país sospechado de ir hacia el default. Irritado por esta autonomía, Kirchner echó de su gobierno a Eduardo Sguiglia, otrora mano derecha de Bielsa, por no haber conseguido en la cumbre de Copacabana que el país vecino negocie de manera conjunta con Horst Köhler, como el propio canciller anunció por los diarios en aquella oportunidad. Ahora que Brasil abandonó, impulsado por su propio éxito, el programa que tenía con el Fondo, la irritación es mayor.

• Discusión

La aspiración del canciller Amorim de conseguir durante su gestión una banca permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas termina de consolidar la rivalidad. La cuestión podría discutirse en setiembre, durante la próxima Asamblea General de la ONU. Bielsa vino militando abiertamente contra el sueño de su colega. La última etapa del conflicto se cursó a escala sudamericana: como Kirchner y su canciller creen que la CSN, de la que Eduardo Duhalde ha sido principal gestor, es un instrumento para alcanzar aquel lugar de preponderancia internacional (que los brasileños creen tener ganada desde el final de la II Guerra Mundial, cuando se alinearon con los aliados), desairaron al «principalsocio» ausentándose de las últimas cumbres de Cuzco y Brasilia.

• A pesar de estos motivos de fricción, hay otros indicios que obligan a pensar que las molestias fueron exageradas por Bielsa a través de los diarios. La primera de esas señales es la cordialidad con que Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Carlos Zannini dialogaron con dos figuras centrales del gobierno brasileño como son José Dirçeu y Marco Aurelio García durante la cumbre de gobiernos progresistas que se realizó en Montevideo entre el jueves y el viernes pasados. En ese encuentro, los funcionarios de ambos países quedaron en organizar una reunión «ad hoc» para tratar las dificultades que pueden aparecer en la agenda bilateral.

Otro síntoma que obliga a desconfiar de los trascendidos de Bielsa es su adscripción al «pavorrealismo», que lo lleva a dar a través de los diarios esos golpes que obligan después al Presidente a retroceder en el terreno más firme de la política. El último ejemplo lo produjo cuando, antes de viajar al Vaticano, dijo que la remoción del obispo Antonio Baseotto era «irrenunciable e irreversible» (las aliteraciones fascinan a este poeta). También adelantó que la mala relación con la Santa Sede se debía a la presencia de Angelo Sodano en la Secretaría de Estado. Como la Curia confirmó a Baseotto y Benedicto XVI nombró a Sodano en la misma función, Kirchner debió pagar los platos rotos por Bielsa divulgando su foto de peregrino devoto ante la tumba de Juan Pablo II allí donde un día antes estaban las bravuconadas de su ministro.

• Excentricidades

• Esta falta de profesionalismo del canciller volvió a aparecer en esta rencilla con Brasil, con la que culmina una serie de excentricidades. Bielsa comenzó por alejarse de Buenos Aires con la excusa de un viaje a Guatemala que le permitiría no asistir al lanzamiento de Cristina Kirchner y Alberto Fernández en el acto de Obras Sanitarias, el miércoles pasado. Siguió con la insólita convocatoria a un sexteto de embajadores para tratar en Washington un conflicto con Brasil. En rigor, la «cumbre» fue para analizar una agenda más amplia pero gracias a la operación de prensa de Bielsa quedó encerrada en uno solo de los ítem. La izquierda diplomática de Itamaraty festejó ayer que «el cubanito» hubiera elegido la capital de los Estados Unidos como lugar de reunión.

Cualquiera podría confundir esa cumbre con una sastrería, en la que cada uno se probó un traje diferente. De los seis invitados, dos eran más amigos del dueño de casa que del canciller: en efecto, Juan Carlos Olima (Aladi) y Federico Mirré (Reino Unido) son bordonistas, que apuestan a la salida de Bielsa hacia la diputación nacional para que su amigo Bordón se convierta en canciller, como siempre quiso Roberto Lavagna, el padrino de esta ala de la diplomacia política. Otro de los concurrentes, Juan Pablo «Poli» Lohlé, esperaba que ayer le dijeran con qué cara volver a Brasilia, donde representa al país. Sólo un error incomprensible explica que este embajador haya admitido que su gestión sea analizada en la sede de un colega por un grupo de librepensadores que publicarían el caso en los diarios en términos de conflicto. Lohlé pretende ahora, más que antes de viajar a Washington, ser el reemplazante de Bordón en esa sede. Rodolfo Gil, representante en la OEA, se veía anoche enredado en una trama incomprensible y ajena. En cambio Hernán Patiño Mayer volvió a la vida: Kirchner lo tiene en la congeladora y esta cumbre le hizo respirar una bocanada de aire templado.

• Sería fácilmente demagógico cuestionar los gastos adicionales que ocasionaron al fisco estos desplazamientos desde Londres, Montevideo y Brasilia. Mejor es desentrañar el desaire que Bielsa le dedicó a su segundo, Jorge Taiana, excluido de las deliberaciones. Es la pregunta que se hacía anoche el jefe de Gabinete de ese secretario, Agustín Colombo Sierra, un bordonista extremo y ahora desorientado. Taiana, su jefe, es un firme sucesor al principal sillón del Palacio San Martín.

Si es por el desdén por las funciones ajenas, Bielsa tiene con qué contestar. El también es víctima de otras expansiones: Lavagna, socio de Bordón y el preferido de los brasileños, viajará mañana a París a tomar en sus manos las cuestiones de comercio internacional que exceden a Bielsa. Cuando Martín Redrado ejercía la secretaría del ramo, el canciller podía defender con cierta firmeza las competencias de su cartera. Ahora depende para ello de Alfredo Chiaradía, un buen técnico pero incapaz de poner freno a un ministro como Lavagna, quien cansado de las polémicas con el Fondo, los pronósticos sobre inflación y las peleas con Julio De Vido resolvió tomarse unos días disfrutando de su especialidad: las disputas arancelarias de la Organización Mundial de Comercio.

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