18 de julio 2008 - 00:00

Cuando Menem ocupó su banca, el gobierno supo que perdía

CarlosMenemrecibió a lamadrugadade ayerpresionesdel gobiernopara que seausentasede la bancala hora devotar. Esafue la últimaestrategiadel oficialismocuandose enteró deque losradicalesJulio Cobosy EmilioRachedvotabancontra lasretencionesmóviles.
Carlos Menem recibió a la madrugada de ayer presiones del gobierno para que se ausentase de la banca la hora de votar. Esa fue la última estrategia del oficialismo cuando se enteró de que los radicales Julio Cobos y Emilio Rached votaban contra las retenciones móviles.
La frase corrió, silenciosa, y produjo una marejada que recorrió del Congreso a la Casa de Gobierno, y de ahí a Olivos. «Se sentó Menem.» Cuando la escucharon, a la 1.00 de ayer, los Kirchner cerraron las carpetas; lo mismo hicieron Alberto Fernández, Oscar Parrilli y Florencio Randazzo, cada cual en sus despachos, las únicas lámparas encendidas en la Rosada a esa hora. Pesado de pies y carraspeando, el riojano se sentó en su banca después de hacerse ver de la gripe que lo tiene mal desde el fin de semana. Y definió la votación contra el gobierno.

Lo agobiaron otras tormentas, lanzadas sobre él desde la tarde del miércoles por todos los personeros del gobierno. Del riojano dependió la última carta que jugó el Ejecutivo para ganar la batalla en el Senado por las retenciones móviles.

Cuando ese miércoles el gobierno tomó noticia de que si desempataba, Julio Cobos rechazaría el proyecto oficial con su doble voto, el gobierno jugó todo a quebrar el voto opositor.

Lo intentó en público, como se ha contado, con el santiagüeño Emilio Rached. En secreto, lo intentó sobre Menem. Del primero querían que se abstuviese, del segundo que estuviera ausente a la hora de votar. Fracasó doble; pudo más sobre Rached la vigilancia de Ernesto Sanz y Leopoldo Moreau y un llamado de Raúl Alfonsín.

En el caso de Menem las presiones fueron casi insoportables,y por dos vías. Primero, el asesor del riojano en la cámara, Nicolás de Vedia, recibió mensajes de Alberto Fernández y de Miguel Pichetto. La gestión se hunde en el terreno de lo inconfesable pero consta que el pedido fue que dejara la banca a la hora señalada y facilitase que el oficialismo pudiera vencer por un voto. Descartaban a esa hora que Rached ya no se abstendría. ¿Alguna recompensa? Librarlo al ex presidente de algunas molestias judiciales. Quitarle de encima algunos fiscales y jueces.

Menem escuchó y gozó el tiempo de la respuesta, negativa, después de analizarlo a solas con su otro asesor y abogado, Pedro Baldi. Mandó a decir que él iba a estar en la sesión y que se iba a pronunciar en contra del proyecto oficial.

Como Menem entraba y salía del recinto para descansar en su despacho y tomar tisanas y aseptobrones que lo aliviasen por un rato de la tos, en el gobierno creyeron que era posible lanzar otro ataque masivo sobre Menem.

Esta vez la gestión estuvo a cargo del dirigente bonaerense Luis Daer, que representó al menemismo en una lista de candidatos a diputados nacionales en el año 2005. Trajo mensajes atribuidos al ministro de Justicia Aníbal Fernández, y del delegado del kirchnerismoen el Consejo de la Magistratura, el diputado Carlos Kunkel. Interesados esa tarde como nunca por la suerte en los tribunales de Menem, quisieron que éste supiese que nunca hubo ningún interés del gobierno en que se le complicasen las cosas.

  • Citaciones

    El ex presidente tiene citaciones a juicio oral en el tema armas, pero su comparendo depende de que el Senado lo autorice. Los senadores gozan de fueros de detención, no de procesamiento. Comparecer a juicio sujeta al procesado a la disciplina judicial y debe ser desaforado para quedar a disposición del tribunal de juzgamiento.

    Menem volvió a pedir tiempo, hizo la ronda de consultas, que abarcó a algunos familiares como su hija Zulema y su hermano Eduardo. Daer colabora en la defensa de Menem en la causa armas pero nunca cerró la herida que dejó abierta en el menemismo en 2005 cuando inscribió una lista que desplazó las candidaturas a diputados bonaerenses de Irma Roy y Enrique Crotto. Daer no lo escuchó a Menem cuando le pidió que se bajase y eso no se ha olvidado en el despacho del senador.

    Menem, que tiene cuentas a cobrar por mucho más que los acosos judiciales, se levantó a la una y se dirigió a la banca para ya no irse más. Cuando se sentó, supo el gobierno que había perdido.
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