16 de febrero 2004 - 00:00

Cuidar el aliento

Cuidar el aliento
La prensa oficial -notoriamente en «Clarín» con una sola foto y nota de apenas cuarto de página, su TV- trató de bajarle el tono a la barbarie agresiva de cortadores de tránsito del viernes en avenida 9 de Julio. Menos mal que existe Crónica TV y el diario «Crónica», más bastante de «La Nación» para que la sociedad argentina este sábado no haya quedado desinformada. ¿Por qué necesita el gobierno ocultar la violencia en las calles dado que no se la atribuye directamente en un mal heredado del duhaldismo? Ni siquiera se le critica, salvo apresurados, la abstención policial que ordenó porque es cierto que hay que esforzarse por desgastar hoy a los violentos politizados que arrastran necesitados y cuando una represión violenta puede ser capaz de provocar muertos que es muertos que es lo que esos mismos ultras buscan (entre otros motivos porque tienen tantas subdivisiones que les faltan nombres de piqueteros fallecidos en disturbios para identificarse).

El problema serio, el aliento que tiene la violencia en las calles, la grave falta, ahí sí, del gobierno Kirchner es la demagogia constante en busca de una «popularidad» que ya excede la comprensible necesidad de construir poder para gobernar. Esa demagogia parece ya una cuestión traumático-personal del matrimonio cabeza de la gestión de Estado. El mismo viernes de la barbarie en la 9 de Julio el Presidente había recibido indiscriminadamente a los familiares de «víctimas de la brutal represión del 20 de diciembre de 2001», como han tratado de inculcar los mismos violentos de ese día clonados con los de la 9 de Julio de hace 3 días.

Todos sabemos que el 19 de diciembre a la noche hubo una real y espontánea manifestación de argentinos moderados -hasta con mujeres y chicos con cacerolas- contra un gobierno decadente de Fernando de la Rúa. Esa noche no hubo ninguna víctima, ningún saqueo.

El 20 fue otra cosa. Ahí, aprovechando el clima de la noche previa que los sorprendió ajenos, fueron los violentos de ultraizquierda que arrastraron tras sí a los saqueadores facilitándoles el latrocinio con el desborde. Fueron los duhaldistas que querían derrocar a De la Rúa en golpe de Estado civil quienes operaron también en esa trágica jornada para sustituir a De la Rúa. Y lo lograron finalmente.

Puede haber víctimas del 20 de diciembre inocentes, es cierto, pero que lo determine la Justicia para indemnizar, no la demagogia de un gobierno. La jueza Servini de Cubría tuvo que admitir que dos muertos en la 9 de Julio ese día no pudieron ser de balas policiale s. Si no frenaba la Policía a tanta barbarie el 20 de diciembre tomaban la Casa Rosada. ¿O no?

Lo mismo que ahora quiere el extremista Raúl Castells. ¿O se puede negar que esa misma noche violentaron y entraron por la escalinata de entrada nada menos que del Congreso Nacional, forzando el portón? Estuvieron a un paso de violentar la entrada al Salón Azul, pero igual sacaron y quemaron sillones históricos en esa misma escalinata. ¿Podían ser o no parientes de vándalos los que, sin discriminar como corresponde a un presidente, recibió el viernes Kirchner? ¿O se ignora que los que atacaron y querían entrar a un banco en la Avenida de Mayo y fueron baleados fue porque en lo alto estaba la Embajada de Israel trasladada allí cuando le volaron con coche bomba la sede de la calle Arroyo con 29 muertos? ¿En qué sede del mundo una embajada -más la de Israel- no se defiende del vandalismo callejero? ¿Por qué no recibe Kirchner a los comerciantes saqueados, como aquel famoso coreano filmado llorando por todos los canales de TV que, además, nunca fue indemnizado como se conoció hace dos meses? ¿No hay un joven que mató a un saqueador defendiendo el negocio de su padre? No podemos seguir con la falacia de «todos víctimas de la represión policial del 20 de diciembre». Porque si seguimos alentamos a nuevos violentos.

El barbado agresor del viernes en la avenida 9 de Julio es un agresivo tan brutal como incapaz de contención moral. Un pobre ser humano. No perdonable pero comprensible. Pero no puede ser que sólo la violencia sea reivindicada desde la Casa de Gobierno y nunca la defensa de la ciudadanía a defenderse. No es lo mismo ese saqueador baleado por un comerciante el 20 de diciembre que un joven soldado inexperto baleado en Malvinas por los soldados profesionales ingleses. Pero nadie los acusa a éstos por disparar, salvo en el crucero Belgrano.

No puede haber tanta demagogia siempre en el gobierno Kirchner. Lo dijo muy bien una mujer de apellido Mujica en carta de lectores a «La Nación» este fin de semana. Expresó representando bien el pensar de la mayoría moderada de los argentinos: «Si la intención del Presidente (Néstor Kirchner) es hacer un Museo de la Memoria (en el edificio ESMA de la Armada donde se torturó y desapareció gente en el Proceso) pues que sea completo y se recuerde (también) a todas las víctimas del terrorismo que también son argentinos y que jamás ha recordado».

Porque hay víctimas inocentes de la violencia este viernes último. Un joven taxista, un hombre mayor trompeado junto a su esposa en su vehículo, 4 mujeres mayores circulando en un auto. Hubo miles de víctimas de la despiadada represión del Estado en los años '70. Totalmente cierto. Pero también hubo una hija de 3 años baleada en los brazos del capitán Viola, ambos muertos, en Tucumán en los '70 (el guerrillero Gorriarán Merlo, hoy en total libertad, dijo: «Fue un error»); el conscripto de 18 años baleado a sangre fría en la entrada de La Tablada; una hija de 16 años del almirante Lambruschini volada por una bomba que no mató a su padre; los muertos inocentes por una bomba que renovaban documentos en la Policía; todos los muertos -de esto sabe mucho Horacio Verbitsky- asesinados frente al edificio del Ejército por apretar prematuramente una bomba que ni rozó el auto del militar. Mucho más.

Hay violentos, hay olvidadizos, hay Máximo Mejías (si así se llama el barbado del viernes). Pero la Casa Rosada debe cuidar el aliento por caer en demagogias y parcialidades.

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