«La mina soy yo», dijo, sin mover un músculo de la cara, Rodolfo Daer, el ex secretario de la CGT. No hay que pensar que, carente de otro oficio, haya decidido protagonizar disturbios en la puerta de la Legislatura, adoptando una condición sexual desconocida. Lo de Daer fue más bien administrativo. Sucede que a Hugo Moyano le resultó, desde un comienzo, incómodo que su antecesor formara parte del consejo directivo que ahora preside él. Hubo entre los dos muchas agresiones verbales y pujas como para una tregua tan inmediata. Por eso, el camionero le sugirió al titular de la Federación de la Alimentación, Bernabé Morán, que enviara una mujer para representar a esa organización. Sin embargo, Morán dispuso, a pedido del propio Daer (secretario de la filial Capital), que fuera el ex jefe de la CGT quien siguiera ocupando el lugar del gremio en la central. Fue entonces que llegó Daer a la sede de Azopardo, y Moyano, lleno de candor, le preguntó: «¿Y? ¿Cuál es la mina para ocupar la décima vocalía?». «La mina soy yo», lo sorprendió el bigotudo Daer, con todos los papeles en regla.
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