De cara a octubre, Cambiemos apuesta a la gestión y una campaña corta
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Vidal, Bullrich y Ocaña, de timbreo.
Con el interior mayoritariamente volcado por Cambiemos, la mirada se posa sobre aquellos municipios más refractarios y en aquellos en donde hubo una participación menor al 77% provincial. En el oficialismo están convencidos que una mayor afluencia de votantes les da más ventaja porque atrae a votantes menos politizados y por ende más proclives a inclinarse por lo que ven en la calle y menos permeables a los pruritos ideológicos.
Así las cosas, la decisión es atacar aquellos municipios "en donde se puede crecer y en donde hubo menos participación". Por ejemplo, en General Pueyrredón, el partido más populoso de la Quinta Sección cuya cabecera es la ciudad de Mar Del Plata y que es gobernado por el oficialismo, la participación alcanzó apenas el 70%, lo que deja a más de 180.000 votantes a los que seducir de cara al 22 de octubre para ampliar el margen de triunfo obtenido en las PASO.
Otro caso es el partido de La Costa, en donde una participación del 70% dejó afuera de la elección a más de 20 mil electorales a los cuales Cambiemos buscará incentivar para que vayan a votar por el oficialismo.
Aceptando las limitaciones de penetración en los bastiones peronistas, en las cercanías de Vidal no descartan de plano insistir en algunos municipios en donde la militancia PRO ya hizo efectos. En la Tercera Sección, por caso, Néstor Grindetti revalidó títulos y obtuvo la única victoria de Cambiemos en el enclave justicialista.
A veces ridiculizados por los punteros peronistas, los dirigentes de Cambiemos seguirán con el timbreo, con el contacto directo con los vecinos para llevar las buenas noticias y anotar las quejas. "En los timbreos salimos si escudo, vamos a escuchar a la gente, y son muchos más lo que nos trasmiten sus ganas de que sigamos con el cambio a pesar de los problemas", grafica un hombre con una gran pericia en eso de gastar pilas de timbres o de enrojecer las manos como llamador en la puerta de las casas.
Mientras el kirchnerismo pensaba más en su eternización, el timbreo ofició como un Caballo de Troya en los territorios peronistas. Para cuando los dirigentes del conurbano profundo reaccionaron, Cambiemos ya estaba con los vecinos, mateando y prestando la oreja para poner la escucha en aquellos que tienen algo para decir y que a veces quedan sin voz.




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