30 de noviembre 2001 - 00:00

De la Rúa se acordó tarde y terminó siendo una víctima

"Lo que para el gobierno debiera ser un placentero acto sexual, finalmente lo convirtieron en una violación.» Así explicaba un observador humorista la última y tardía reacción del gobierno por impedir el ascenso de Ramón Puerta a la virtual vicepresidencia del país, hecho que ocurrió en la víspera. Se anotaron otro fracaso, lo transfieren como un hecho traumático -agrandan como si eso fuera bueno la fama de «víctima» que le endilgaron a Fernando de la Rúa-cuando, en rigor, desde hace 40 días el Presidente marginó la novedad de que el peronismo impondría su mayoría en el Senado con el misionero como titular del cuerpo.

De la Rúa mantuvo la tradición de su gobierno: apareció con un vaso de agua cuando el sediento moribundo ya había expirado. Concretamente, le delegó a Ramón Mestre la misión de alterar la decisión justicialista 48 horas antes de la jura de Puerta, cuando esto ya era un hecho consumado. Durante los anteriores 38 días el mandatario ni siquiera contempló el caso, hasta se diría que no le molestaba tenerlo a Puerta como su eventual segundo, ya que si se hace caso de las habladurías siempre se dijo que éste -quien participaba en las cumbres de gobernadores como si todavía lo fuera-representaba a veces más al oficialismo que al propio PJ.

Nadie tiene en claro que sea verdad este sentimiento, aunque Puerta ha sido en todas las crisis con el interior uno de los mejores intermediarios con Chrystian Colombo. El misionero, además, para De la Rúa es de mayor confianza que otros radicales, caso Rodolfo Terragno o de otros con los que no mantenía demasiada relación (léase el cordobés Rubén Martí o, en menor medida, el chubutense Carlos Maestro). Sí, de buen grado y mejor auxilio para la República, a De la Rúa le hubiera gustado impulsar al mendocino Raúl Baglini. Pero no movió ninguna ficha, se mantuvo en un letargo característico, quizá porque le interesaba mucho más saber en qué forma se resolvía -hecho que ocurrió casi paralelamente a la nominación de Puerta-la propia interna de su partido, radical, donde el gobernador Angel Rozas sucedió a Raúl Alfonsín. Sea como sea, se durmió y resultó casi ridícula la operación de último momento encomendada a Mestre para frustrar el ascenso de Puerta. Ni siquiera saben gozar, como diría el comentarista del principio.

De lado del peronismo, la novedad surge de que Puerta representa al grupo más activo dentro de una oposición que parecía copada por el trío de los «presidenciables» (Ruckauf, Reutemann, De la Sota). Esta irrupción que nadie preveía hace unos pocos meses de esta Liga Federal de gobernadores intercepta además ese circuito VIP que había tendido el gobierno, a través de Domingo Cavallo, de relaciones amistosas pero discretas con las tres administraciones grandes de la Argentina.

El grupo es de hecho ya la cuarta pata de la mesa del PJ y será infaltable en cualquier discusión. Aunque los gobernadores que se sientan en esa liga son once el inspirador y coordinador formal -sin ser ya administrador de su provincia-es Puerta.

Puede gozar además el misionero haber infligido dos derrotas al mismo tiempo con esta movida senatorial. Una sobre De la Rúa, por no haberse ocupado éste a tiempo de lo que sus amigos creen que es una crisis. La otra sobre Eduardo Duhalde que, al revés del Presidente, se apresuró a hablar, se opuso a Puerta como jefe del Senado, corcoveó con quedarse afuera del bloque y terminó ayer jurando, más disminuido que al empezar esta puja, una obediencia que nunca soñó.

Dejá tu comentario

Te puede interesar