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Aunque es obvio que, ideológicamente, lo que actúa Kirchner en Venezuela es obra de su propio coleto, hay dos personajes en la delegación que se han ganado todos los atributos para ser considerados dadores de sangre chavista a los viajeros argentinos. Uno, es Claudio Uberti, cercano al ministro De Vido -y, por lo tanto, también un hombre de negocios- y otra, Mariana Llorente, jefa de asesores en la Cancillería, de altísima influencia sobre el ministro Jorge Taiana (obvio, también es su cuñada).
NUEVA ACUSACION CONTRA TROTSKY
Hasta el menos avispado ciudadano percibe que, en el gobierno, ha comenzado a inquietar el movimiento de precios hacia el alza. Si se escuchan, inclusive, los primeros rumores sobre la escasa eficacia del control impuesto por Guillermo Moreno.
Algunos de su sector se excusan y le echan culpas a empleados del INDEC, a quienes le reprocharon -por ejemplo- que establecieron el precio de los autos cuando en rigor tomaron como índice el valor de un determinado modelo. Tanta indignación hay con los empleados de ese instituto que no se vacila, oficialmente, en acusarlos de trotskistas a la mayoría de ellos. Como si el trotskismo (León Davidovich Trotsky) hubiera inventado un método propio para medir la inflación. Curioso este combate ya público: nadie imaginaba al gobierno persiguiendo izquierdistas.
SCIOLI, GOBERNADOR O EMBAJADOR QUIZAS
Carlos Kunkel, se sabe, aspira a ser vicegobernadorbonaerense, secundando a Daniel Scioli. No sólo a ese cargo sino a una dimensión superior. Es que él piensa en el futuro del vicepresidente como una especie de embajador itinerante del distrito (algo así como el rol que le había asignado Eduardo Duhalde a Teresa Iuzzolini, la esposa del boxeador Nino Benvenutti). En ese encuadramiento institucional, la figura de Scioli tendría más peso que la del número uno. Claro, Kunkel es un experto en invertir las jerarquías. En el Consejo de la Magistratura redacta una reglamentación por la cual el vicepresidente, condición que él mismo reviste, tendrá más atribuciones que el presidente. Con ese objetivo presiona sin piedad a opositores y oficialistas: tanto que la senadora María Laura Leguizamón ya debió acudir, en medio del llanto, a la protección del jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
DOS VECES LA MISMA PIEDRA
En la corte que rodea al jefe de Gobierno, Jorge Telerman hay quienes se inquietan por el vertiginoso ascenso del ministro de Hacienda, Sergio Beros, convertido en hombre clave del intendente. El único que parece inmutable ante esa expansión es el vocero Oscar Feito. Curioso: siempre se lo consideró si no un superior, por lo menos un par del novedoso Beros. Pero a Feito se lo ve envuelto hoy en otras preocupaciones, supervivencias de un pasado cercano. Tropezó otra vez con la misma piedra. Porque antes de justificar la utilización apócrifa del título de «licenciado» para su jefe tuvo que dar cuenta del uso del de « ingeniero» de otro empleador: aquel «ingeniero» Alejandro Bramer Markovic, que integró el equipo previsional de Carlos Menem, al que también Feito le ponía voz ante la prensa.




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