Estamos obligados a poner racionalidad en este proceso electoral. El 25 de mayo ha dicho se va el doctor Duhalde. Tenemos que creerle, y hay que aceptarle la renuncia para que nadie pueda seguir dudando.
Démosle la posibilidad a quien hoy gobierna de llegar con pleno poder hasta el día previo, lo más cerca posible del 25 de mayo.
Si elegimos un candidato a presidente el 19 de enero en el justicialismo, la gente piensa que ese candidato va a ser seguramente el futuro Presidente. Pero quedaría demasiado tiempo entre esa interna en enero y una asunción en mayo. Será un factor que generaría un vacío de poder que perjudica al que está en el cargo de presidente y que además desgasta al candidato ganador que va a asumir.
Eso no es conveniente para la Argentina. Por eso debemos dar gobernabilidad al país hasta el 6 de mayo con asunción inmediata el 25 de ese mismo mes. El que gana acumulará el máximo poder el día de triunfo, e inmediatamente va a la Casa Rosada. Y quien está gobernando hasta entonces tiene la posibilidad de ejecutar sus planes.
La elección del 6 de mayo también debería incluir la de otros cargos. No tenemos el derecho de hacer votar a la ciudadanía siete veces en un año. Cuando digo nosotros, me refiero al justicialismo que hoy está en la mirada de todos porque tiene la máxima responsabilidad a nivel presidencial y en 14 provincias, entre ellas las tres más grandes. Hoy los ciudadanos tienen frente a sí este panorama: 1) elegir en internas candidatos a presidente; 2) primera vuelta a presidente; 3) segunda vuelta a presidente; 4) interna para elegir candidatos a gobernadores; 5) primera vuelta para elegir gobernadores; 6) segunda vuelta gobernadores (donde haya); y 7) elegir a los legisladores nacionales.
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