El decreto presidencial podría fin a una de las pujas más densas que mortifican al kirchnerismo. Es el que espera Graciela Ocaña para dominar la Superintendencia de Salud, que conduce Héctor Capaccioli, con quien ni siquiera mantiene diálogo. La dependencia, que controla las obras sociales sindicales, es un organismo fuera de nivel dentro del área de Salud, es decir, depende del ministerio que conduce Ocaña, pero se maneja en forma autónoma, al punto que al titular de ese ente no lo ha nombrado la ministra sino que lo ha ratificado Cristina de Kirchner.
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Dos encuentros seguidos, esta semana, entre Cristina de Kirchner y Ocaña, parecen anunciar en el Ministerio de Salud una señal más hacia la funcionaria, que espera hace quince días la firma del decreto y que sigue avanzando con investigaciones que por momentos complican al propio gobierno.
Se trata de la norma que le permitirá a Ocaña avanzar en la puja que mantiene con el superintendente Héctor Capaccioli, que se ha agravado cuando el asesinato de Sebastián Forza destapó presuntas irregularidades en los aportes de campaña a la fórmula Kirchner-Cobos, por parte de droguerías investigadas por la Justicia, como la que tenía el fallecido. Si bien Capaccioli legalmente no tiene vinculación con los $ 17 millones que el oficialismo gastó en la campaña, se lo reconocecomo organizador de la colecta. Pero además, desde entonces Ocaña no deja de pasear por los tribunales con denuncias contra droguerías y farmacias, como la que provocó el miércoles que la Justicia dispusiera 15 allanamientos en la búsqueda de recetas de sicotróficos presuntamente apócrifas.
Borrador
Desde la noche anterior a la partida de Cristina de Kirchner a Nueva York, el 18 de setiembre, en la oficina de Carlos Zannini está el borrador del decreto con el cual Ocaña -de acuerdo con la Presidentepiensa desembarcar en la superintendencia de Salud a tres personas de su confianza en las gerencias del organismo. Una suerte de intervención que dejará rodeado a Capaccioli, aunque en la Superintendencia aseguran que el arribo de los nuevos funcionarios «será sellar la paz con la ministra». Dos interpretaciones diferentes de una interna que tal vez cese cuando en una renovación de cargos el albertista Capaccioli termine mudándose de oficina a otra donde lo reciban con mayor afinidad.
El decreto nombra a Diego García Vila como gerente general de la Superintendencia,un hombre que es actualmente subsecretario en el ministerio y de absoluta confianza de Ocaña. En otra gerencia, la de prestaciones médicas, irá -si Cristina firma la norma de designaciones-Rubén «el pampa» Armanio y en una de las subgerencias, se nombraría a Ana «Tita» Fernández, como también un hombre cercano a Sergio Massa arribaría a uno de los despachos de la Superintendencia, el organismo que controla y supervisa las obras sociales sindicales, entre otras prestadoras médicas.
Ayer Cristina de Kirchner compartió un acto con Ocaña donde se entregaron 60 nuevas ambulancias para el servicio de emergencias y traslado del PAMI, en el complejo Punta Carrasco. Apenas tuvieron tiempo, la Presidente y la ministra, de cruzar alguna palabra a solas que se refiera a fecha alguna referida a los nombramientos.
El miércoles, también se cruzaron las dos funcionarias en otro acto, donde sí conversaron, pero en particular de planes referidos a la gestión. Fue en otro acto oficial referido al proyecto de reforma integral de la colonia Montes de Oca, ubicada en la provincia de Buenos Aires, el centro asistencial destinado a personas afectadas en su salud mental. Ese fue el primer encuentro de Ocaña con Cristina de Kirchner tras la reunión que mantuvieron antes de que viajara la Presidente a Nueva York, para acordar los nombramientos.
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