Desde el gobierno acusan al Correo por lo irregular del escrutinio

Política

En su desenfrenada carrera por sostener a Aníbal Ibarra, Néstor Kirchner embistió ayer contra el Correo Argentino, empresa que, según el gobierno, habría cometido una « gravísima» irregularidad durante el proceso de recolección de datos en la elección del domingo último.

La presunción oficial sostiene que el correo, que controla Franco Macri, manipuló la información electoral para que en la noche del 24, en los primeros cómputos, se registre una amplia diferencia a favor de Macri para generar la «falsa idea» de un «triunfo abultado» de su hijo, Mauricio.

Ayer, el candidato de Compromiso para el Cambio respondió a la acusación. Dijo sentirse «muy triste» por el planteo que consideró un «argumento de campaña». Y cascó a Kirchner: «(Se entiende) que salga a defender una gestión que no existe, pero esgrimir este tipo de razones no me parece serio».

El ministro del Interior, Aníbal Fernández, fue el vocero de la advertencia: dijo que «el flujo de la información» no lo satisfizo porque se registró «una diferencia terrible» a favor de Macri y hasta indicó que podrían acudir a la Justicia en caso de comprobar esa anomalía.

Lo insólito es que la decisión del Presidente forzó a Fernández a una pirueta verbal, ya que la noche de los comicios y los días siguientes había indicado que
la tardanza era «lógica» por la profusión de listas. Lo mismo dijo, el martes, el director electoral, Alejandro Tulio.

Sin embargo, Fernández -por orden de Kirchner-se corrigió y mandó una nota a las autoridades del Correo Argentino -cuyo presidente es
Raúl Casa-, para que explique el procedimiento utilizado para la recolección y posterior traslado de las actas de escrutinio.

Incluso, para ampararse, el ministro del Interior descartó la posibilidad de un fraude.
«Una cosa es el resultado que no va a variar, los votos que se sacaron son los que están», señaló a pesar de que en el Congreso se recontaban urnas que ampliaban la ventaja a favor de Macri.

• Promesa

Mirando el ballottage, el Fernández quilmeño prometió mayor control. «Va a haber supervisores.Ya está instruido el director electoral para hablar con los dos partidos y que pongan sus respectivos observadores», anticipó.

El procedimiento informático estuvo a cargo de la empresa española Indra, y la demora -los primeros datos se conocieron a las 9.20 hs.- fue atribuida a que el traslado de los «telegramas» (actas con los datos de cada mesa) fue vía transporte, no por télex.

Ayer, desde Interior se explicó que Fernández no denunció antes la anomalía porque recién el martes por la noche, luego de cotejar datos, detectó la posible manipulación. De todos modos, la madrugada del domingo, sobre las 2.30 hs. ya le había alertado el tema a Kirchner por teléfono.

De todos modos,
Juan Pablo Schiavi, jefe de la campaña macrista, imputó a Ibarra y a Fernández de «querer confundir a la población para así atenuar el impacto que les ha provocado la victoria de Mauricio Macri, que ellos no esperaban». Y cerró: «Ninguna declaración maliciosa podrá revertir ni disimular el veredicto de las urnas».

En el revuelo, el propio Ibarra salió a insistir con la teoría conspirativa del eje Correo-Macri candidato. Esa línea es una de las que el frentista decidió explotar con aval del Presidente (la otra es machacar con el vínculo Macri-Menem) de cara al ballottage del 14 de setiembre.

Sobre el otro eje, ayer fue el turno del ministro de Trabajo,
Carlos Tomada, quien se mostró confiado por el triunfo de Ibarra porque, dijo, «la gente no quiere volver a las políticas neoliberales» de los '90 que, advirtió, encarna Macri.

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