Entre la improvisación y la soledad, el gobierno logró en las últimas horas que apenas dos intelectuales (que de tierra sólo conocen el polvo que cubre sus bibliotecas) saliesen a apoyarlos en la pelea con el campo. En el programa oficialista «El destape» (América 24) de anteanoche, el animador Roberto Navarro (candidato al premio Pedro Olgo Ochoa a la dependencia informativa) interrogó al diputado Jorge Coscia (director de cine en colaboración, siempre filma con otro que sabe más) y el profesor Horacio González (conduce la Biblioteca Nacional) trataron de explicar por qué el gobierno hace bien lo que hace mal.
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No los ayudó Navarro, que sin que se corriese el rimmel, dictó u monólogo sobre cómo deben conducirse los periodistas en esta crisis. Su programa «El destape» (más bien debería llamarse el encubrimiento) es un festival de oficialismo todos los domingos a la noche. No ofende a nadie que se haga eso desde una emisora privada; sí que se haga con tan poco decoro y con pretensiones de corregirle la forma como el periodismo informa. «Una foto puede ser golpista, aunque el periodista no sea golpista», dijo Navarro mirando la cámara. «No tienen que escribir lo que quieren los dueños, tienen que ser independientes», se emocionó, reclamando un producto que él no ofrece.
Seguramente, la ciencia agropecuaria de Coscia o de González (maestro en el fraseo profesoral) no es mayor que la de los funcionarios que el gobierno tiene en el área específica del campo -lo prueba la escalada «saddamista» del gobierno, que juega todo a un asunto de autoridad con un altísimo costo político y dinero para el conjunto del país-. Pero el aporte fue mínimo, salvo el blooper del otro conductor de «El destape», el internacionalista Pedro Brieger, quien puso sobre la mesa un par del libros y preguntó alegremente: «Acá he traído unos libros de Mao Tsé Tung donde habla mucho del campo, los campesinos y los niveles de contradicción que se producen en esa actividad. Mao escribió mucho». No había risas grabadas, pero alguna sonó por detrás.
Brieger redobló: «Ante la crisis con el campo me pregunto, ¿puede ser que nadie en el gobierno haya leído a Mao? ¿No puede ser? Vos, Horacio, ¿no has leído a Mao?».
González, que se siente un hombre del campo nacional y popular, revoleó su tinta cabellera y lo tomó con ironía: «Bueno, lo he leído, sé de muchos que lo leyeron en otro momento, pero yo estaba en otra posición. Sí, lo he leído, la contradicción principal -pareció localizar la ficha en su memoria-la contradicción secundaria, la contradicción primaria de la secundaria, etc., sí, Pedro, lo he leído...».Y pidió un corte.
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