Si repitiera el ritmo de actividad de Ecolatina y la embajada de Bruselas, los colaboradores de Lavagna trabajarían con máxima presión y con un jefe poco demostrativo de los afectos. Deberían presentar avances periódicos y metas concretas, fundamentalmente numéricas, para mostrarle a su jefe eficacia en la gestión. Tendrán que ser además escuetos en sus informes periódicos, salvo que específicamente el ministro pida un «paper». Lavagna es abierto a las opiniones de sus colaboradores.
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