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2 de abril 2002 - 00:00

Discurso de Duhalde

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Me dirán que ninguna guerra tiene sentido y concuerdo con eso. Nadie puede hallar sentido a la muerte de 625 jóvenes llenos de ilusiones y futuro, pero toda esta vida no pudo haberse entregado en vano. Es nuestro deber darle significado a todo ese heroísmo.

La Reforma Constitucional de 1994 encontró el suyo. "La Nación Argentina", dice el texto constitucional, "ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, por ser éstas parte integrante del Territorio Nacional".

La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme al derecho internacional, constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.

Y es así; las Islas Malvinas son irrenunciablemente nuestras. Es un pedazo añorado de esta querida provincia de Tierra del Fuego, su Capital. Lo aprendimos, como aquí se ha dicho, de pequeños en la escuela, y de grandes, con ustedes, en la batalla; están las Islas en nuestros mapas pero también lo están en nuestros corazones y están también en los ojos de cada uno de ustedes, en los ojos de cada uno de los Veteranos de Guerra, muchachos que se volvieron hombres de la noche a la mañana, en el frío, en la desolación de esas Islas lejanas pero propias y también, en el calor de una camaradería que sólo puede construirse en situaciones límites y que hoy vuelve a reunirse en este lugar.

Aquí están ustedes, que han llegado como hace 20 años a las Malvinas Argentinas, llegaron de todos los rincones de la Patria, han recorrido miles de kilómetros para encontrarse y enseñarnos una vez más el profundo valor del reencuentro. En sus rostros se leen retazos de la batalla de Ganso Verde, Monte Kent, Monte Longdon, Dos Hermanas y Tamber Home. Miradas que conservan la imagen desgarradora de compañeros cubiertos por la nieve, con mezcla de valor y desesperación.

Son los infantes, peleando cuerpo a cuerpo con soldados profesionales. Son los aviadores, que con sus anticuados Mirages y Sky Hawk tuvieron en jaque a una elite. Son los marinos, combatiendo como leones mientras lloraban a sus compañeros en el hundimiento del Belgrano.

Por ello, las Islas Malvinas son más nuestras que nunca, las lágrimas y la sangre de nuestros héroes regaron sus playas y sus montes, y no hay título de posesión más fuerte que el que otorga la sangre.

Las Malvinas son nuestras y vamos a recuperarlas (Aplausos), no con guerras sino de la manera en que los argentinos recuperamos nuestras cosas, con trabajo, con fe, con paciencia y perseverancia. Vamos a recuperarlas con la solidaridad y el apoyo de todas las naciones hermanas que desde hace mucho tiempo acompañan nuestro reclamo ante los Organismos Multilaterales. Vamos a recuperarlas volviendo a poner de pie a nuestro país, reinsertando a la Argentina en la economía mundial, cumpliendo con nuestros compromisos, pero también exigiendo que se respeten los compromisos, los acuerdos y pactos contraídos con nosotros. Vamos a recuperarlas avanzando en nuestras negociaciones diplomáticas; vamos a recuperarlas profundizando nuestras relaciones con los actuales habitantes de las Islas, y al recuperarlas saldaremos nuestra deuda con los que quedaron en Malvinas y con los que volvieron heridos en el cuerpo o en el alma, deuda que tenemos todos los argentinos que debemos reencontrarnos con nuestra identidad y con nuestro destino.

Miremos hacia nuestros héroes de Malvinas y comprendamos que los argentinos podemos ser mejores, y que esto no depende de ninguna ayuda sino de nosotros mismos. Pero sobre todo, miremos a esos valores que forman parte del ser argentino, esos valores olvidados y que no debemos perder: la solidaridad, el respeto, el honor y el patriotismo. Esas son nuestras próximas batallas, hasta lograr definitivamente despertar nuevamente la conciencia nacional. Debemos volver a creer, volver a confiar, defender a nuestra democracia todavía joven, la democracia que volvió para quedarse de la mano de la epopeya de Malvinas.

Por eso, para terminar, quiero usar las mismas palabras que un veterano de guerra anónimo, que acaso hoy esté entre nosotros, y que decía que tenemos una deuda, tal vez la más grande de todas, el no tener un sentido nacional, el no expresarlo en hechos patrióticos, pero si en esta tierra nacen hijos como los que entregaron sus vidas en nuestras islas, no todo está perdido.

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