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También con otros, justo en el momento culminante de su batalla con Néstor Kirchner. Para ilusos o bromistas fue la respuesta de quienes hablaron con él: dijeron que les explicó la importancia del puente Punta Lara-Montevideo. Graciosos porque, en la mayor parte de las charlas, Duhalde se concentró en otros temas más candentes e importantes. Por ejemplo, la óptima performance de Banfield, el club de sus desvelos, que por la cantidad de puntos este año ingresa a una competencia sudamericana. Parece que hartó a sus interlocutores con fanatismo de ocasión, inclusive burlándose de sus testigos, hinchas de otros equipos de menor cuantía o Primera B. Casi por razones de identidad, ningún duhaldista adscribe a un equipo grande.
Aun así, hubo otras cuestiones, también limitadas pues no todos los que lo escuchan en grupo gozan de la misma confianza. Es decir, que los sospecha transmisores de sus opiniones a otros oyentes interesados. Igual sostuvo que le costaba entender las reacciones de Kirchner, también que no esperaba en este momento que el Presidente desatara la guerra (la esperaba para más adelante). Uno de sus visitantes, le comentó que la irascibilidad de Kirchner obedecía a que ahora lamenta no haber aprovechado la oportunidad de enfrentar al bonaerense cuando las encuestas lo beneficiaban con 80% de adhesiones, mientras que los números actuales lo ubican en 46%. Duhalde escuchaba, más bien se supuso que aguantó en Diputados -hasta pidió unos sándwiches, postergando unas horas su viaje a Uruguay-por si debía morigerar las declaraciones de su esposa Chiche (Kirchner está cerca de la dictadura y que la entusiasmaría competir con Cristina en la provincia, de mujer a mujer).
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